Venezuela, tu esperanza vuelve

La crisis en Venezuela provocó colapso económico, migración forzada y violaciones de derechos humanos. La captura de Maduro abre un nuevo escenario incierto

  • Actualizado: 06 de enero de 2026 a las 00:00

Durante la última década, Venezuela ha atravesado una de las crisis más profundas y complejas de América Latina. Bajo las administraciones de Hugo Chávez y, con mayor impacto, de Nicolás Maduro, el país sufrió un colapso económico sin precedentes: el Producto Interno Bruto se redujo en más de un 80% desde 2013, la inflación se volvió crónica y la pobreza alcanzó a la mayoría de la población.

Sin embargo, el deterioro venezolano no fue únicamente económico. Diversos organismos internacionales han denunciado violaciones sistemáticas de derechos humanos, persecución política, limitaciones a la libertad de asociación y detenciones arbitrarias de dirigentes sociales y opositores, configurando un escenario de creciente autoritarismo

La combinación de crisis económica, escasez de alimentos y medicinas, y el colapso de servicios esenciales -electricidad, agua potable y atención médica- obligó a millones de personas a abandonar su país. Según datos de Naciones Unidas, cerca de ocho millones de venezolanos se desplazaron forzadamente, convirtiéndose en migrantes o refugiados en distintas regiones del mundo.

En su trayecto, familias completas recorrieron caminos peligrosos, cruzaron fronteras sin garantías y enfrentaron condiciones extremas. En Centroamérica, miles transitaron por países como Honduras, no por deseo, sino por desesperación: no había empleo ni acceso a alimentos ni posibilidades reales para sus hijos. La migración venezolana no fue una opción; fue una estrategia de supervivencia.

En enero de 2026, un suceso sin precedentes marcó un antes y un después: Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas extranjeras y trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico.

Aunque su salida representa un cambio político relevante, no garantiza por sí sola la recuperación del país. Remover a un líder no resuelve la crisis si no se reconstruyen las instituciones, se asegura justicia efectiva, se promueven elecciones libres y se generan condiciones reales para una vida digna. Sin estas acciones, existe el riesgo de repetir la historia: sustituir a una persona sin transformar las estructuras que llevaron al colapso del Estado.

Estados Unidos tiene una responsabilidad histórica: no sustituir una tiranía por otra forma de control ni priorizar intereses petroleros. Venezuela no necesita intervenciones guiadas por el interés petrolero ni decisiones tomadas desde fuera sin escuchar a su pueblo. América Latina conoce bien los costos de ese modelo. Ayudar de verdad significa respetar la soberanía, fortalecer la democracia. Si el objetivo es la libertad, Venezuela aún puede volver a empezar y reconstruir su país con dignidad.

Te abrazo, hermana y hermano venezolano.

A ti que llegaste con los pies cansados, con tus hijos enfermos, con miedo y hambre; a ti que buscaste un plato de comida, un baño, un techo donde sentirse seguro.

Que la vida te devuelva la paz, que Dios envuelva tu corazón, sane tus heridas y transforme en luz los recuerdos que nunca debieron existir.

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