Uno a uno

“Uno a uno” rezan unos pequeños rótulos que las autoridades municipales han colocado en transitadas vías que confluyen por doquier en la ciudad

  • Actualizado: 03 de julio de 2026 a las 00:00

“Uno a uno” rezan unos pequeños rótulos que las autoridades municipales han colocado en transitadas vías que confluyen por doquier en la ciudad. De color escarlata y letras blancas, las señales verticales no impresionan por su altura ni dimensiones.

Minimalistas en su máxima expresión, estos mensajes pretenden lo que David hizo con Goliat: contener a un desafiante gigante que todos temen y ante el cual, poco o nada puede intentarse.En otros lugares son innecesarios. Como acto reflejo en culturas en las que el respeto a los derechos de los demás se ha enraizado, cuando dos filas de automóviles se encuentran y deben convertirse en una sola, cada conductor toma su lugar y el que le sigue, cede el paso al que ocupa la primera posición de la cola de al lado, trenzando cada uno su turno para que ambas líneas vehiculares avancen y el beneficio se reparta. Esto lo vi en un país nórdico y en otro de Europa Central y si nos parece natural por el nivel educativo de esos lares, déjeme decirle que no siempre fue así. Ser “más educado” no garantiza el no cometer torpezas ni embrutecerse colectivamente como lo demostró la vieja Alemania de la década de los treinta del movido siglo XX.

Entender que el beneficio de todos es mayor al beneficio de uno solo o pocos -como lo presumen sociedades desarrolladas-, fue algo que tuvimos oportunidad de aprender en la reciente pandemia de coronavirus. El uso de mascarillas es común en países del lejano.

Oriente como Japón, en donde se utilizan cuando alguien se siente afectado de salud y esta persona decide cubrirse la boca para no contagiar al resto. Este buen hábito de autocuidado y solidaridad con los demás que aplicamos por razones de vida o muerte, tuvo un efecto inesperado entre nosotros: aunque debimos adoptarlo forzada y temporalmente, después de pasada la crisis muchas personas siguen utilizando mascarilla cuando se sienten afectados de sus vías respiratorias. ¿Sirvió sentir el peligro y esquivar sus peores efectos como una lección? La pregunta se contesta sola.

Hoy son pocas las personas que no se quejan de la calidad del tráfico en nuestras ciudades. Agobiante y capaz de hacer perder los estribos a cualquiera, se suma a un calor que desespera y una transgresión de reglas por los cuatro costados protagonizada por conductores de motocicletas, taxis, autobuses, carros particulares y de transporte pesado, peatones, vendedores y mendicantes. Por eso, la iniciativa de ubicar esas pequeñas señales rojas para recordarnos que podemos ordenar nuestra convivencia vial, paso a paso, un carro a la vez resulta esperanzadora pero no menos inteligente pues supone una ayuda invaluable para los afanados auxiliares de movilidad urbana -conocidos como “minions” por el color de sus uniformes- quienes intentan agilizar y ordenar ese tráfico chúcaro que todos odiamos.

Uno a uno. Un carro a la vez: como si se tratara de una ballena que se come a mordiscos, así se crean nuevos hábitos. Más orden y empatía por el prójimo, para el bien de todos.

Ahí la esencia del cambio deseado y posible.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias