Es imposible desconocer que la tensa relación entre Washington y Caracas ha introducido una nueva variable en el proceso electoral hondureño. La política del gobierno de Donald Trump para desestabilizar al régimen Maduro está influyendo -y seguirá influyendo- en los comportamientos de políticos, militares y la opinión pública. Se trata de un fenómeno peculiar: no estamos ante un caso de injerencia directa de un país extranjero, sino ante un efecto colateral de la geopolítica regional. Esto demuestra cuán interconectado está el mundo hoy.
La relación entre el oficialismo hondureño y el régimen de Nicolás Maduro ha polarizado al país durante los últimos tres años. A pesar del daño reputacional que esta relación produce para el país, las figuras emblemáticas del Partido Libertad y Refundación (Libre) no lo ven de esta manera. La lealtad, la admiración y la seducción ideológica que sienten hacia Caracas es demasiado fuerte. Recientemente, EL HERALDO documentó 763 viajes desde Honduras hacia Venezuela desde el año 2022. En el actual momento electoral esta cercanía está pasando factura.
En contextos de deterioro democrático, como el que atraviesa Honduras, uno de los efectos de las prácticas autoritarias es la fragmentación de las distintas expresiones de oposición. Esto ha sido evidente durante los últimos tres años. Sin embargo, las acciones del gobierno de Trump coincidiendo con la coyuntura electoral han servido para que la oposición hondureña forme una coalición, proyectándose como un muro de contención ante el riesgo de convertir al país en una Venezuela.
Lo más disruptivo, sin embargo, fue que Honduras quedara implicada en el narcotráfico internacional, cuando el pasado agosto la fiscal general estadounidense Pam Bondi dijo que hay un puente aéreo donde el régimen venezolano paga para tener acceso al espacio hondureño para dejar pasar droga. Esta declaración encendió las alarmas en los militares hondureños, preocupados por su relación con su principal socio histórico: Estados Unidos, proveedor de formación, inteligencia y armamento. El comentario de Bondi puso en duda la credibilidad de las Fuerzas Armadas, ya cuestionada por su cercanía con Libre, el fiasco de las maletas electorales durante el 9 de marzo y los ataques que han lanzado contra los medios de comunicación y el sector privado.
Los mensajes, la simbología y acciones que vienen de Washington sin duda han reducido la retórica antiestadounidense en el partido Libre, al menos públicamente. Es muy probable que ante una eventual caída del régimen de Maduro se debilite cualquier intento por desconocer los resultados o alegar fraude. También mermaría la posibilidad de utilizar a las Fuerzas Armadas para reprimir protestas ciudadanas. Parece ser que el debate político no solo involucra a lo que pasará en Honduras, también tenemos que incluir a Venezuela.