José Valentín Varela (Joche), labrador y buen amigo, es un gran contador de historias. Cada vez que conversamos me deleito con su buena plática, llena de anécdotas y remembranzas de sus años mozos, en los que no faltan recuerdos de su niñez, de su servicio militar como joven recluta y de cada trabajo que realizó para sostenerse en la vida. Se refiere a todos los patrones que le han contratado alguna vez con aprecio y con agradecimiento por todo lo bueno y malo que aprendió de ellos; con la experiencia que dan los años -Joche supera los sesenta y cinco-, se ríe de cada episodio con ese peculiar sentido del humor que tienen nuestros hombres de tierra adentro.
Hombre devoto, es celebrador de la palabra y se sabe todas las fechas importantes de la liturgia católica. Sigue a pie juntillas las fases de la luna -pues para sembrar no pueden obviarse- y reconoce en cada yerbajo una fuente de bienestar o de mal para un jardín u hortaliza. Padre responsable de siete hijos e hijas, es fuente de sabiduría popular que no niega buena conversa a quien le quiere escuchar.
Con una taza de café enfrente, Joche se transforma en un baúl insondable de relatos y cuentos. Cuando me compartió su encuentro con “La Sucia”, lo hizo al ocaso, con la luz menguando: regresaba junto a un buen amigo de un bailongo en el que, además de trasnochar, había tomado más de la cuenta y, a la vera de un río, tuvieron el espeluznante episodio que les hizo correr y llegar a su destino, sin juma y con los pelos de punta. Aunque la historia es tenebrosa, Joche la terminó con tono reflexivo y en medio de una sonora carcajada, pues desde entonces supo que la bebida lo había llevado por ese camino y optó por abandonar la juerga.
Joche gusta de citar al Tío Coyote y al Tío Conejo cuando quiere hacer referencia a la viveza y capacidad de reacción que demanda una situación inesperada. Confeso admirador de la astucia de Tío Conejo, se burla de la mala fortuna de Tío Coyote, que suele perder en sus encuentros con el ágil y saltarín animalito. Sin embargo, reconoce que Tío Coyote sabe lo suyo y lo suele demostrar en sus encuentros con otros animales del bosque, que también le desafían en astucia y disposición para el pleito. Alguna vez le conté al amigo Joche que mi abuela María Luisa -natural de Güinope- también me contó varias peripecias de estos personajes, lo que hizo crecer la confianza mutua.
Cuando reflexiono en el contexto político nacional, recuerdo las historias de Tío Coyote y Tío Conejo que me ha compartido Joche y que antes nos contara mi abuela: para enfrentar hoy los grandes desafíos del país se necesita creatividad e improvisación, precisamente algunas de las características de Tío Conejo; y, aunque Tío Coyote -crédulo y desconfiado- siempre sale perdiendo en sus encuentros, ambos se necesitan como siempre, colaboradores entre sí, para que la historia tenga sentido.
¡Ojalá los “Tíos Coyotes” y “Tíos Conejos” nos regalen a todos un final feliz! Uno que valga la pena para Joche y los suyos, para usted y nosotros. Para todo el país. Colorín colorado.