100 mil copias que recogen la visión sesgada y cargada de odio del bautizado “comandante” por el extranjero que como él, pero nunca como él, llegara a hacer tanto daño a la antes grandiosa Venezuela. Ni así podrá llenar el pozo de su vacío. Ni así verá la quimera de su reivindicación en la historia, porque no se reivindica lo que no se tuvo: sentido de patria, sentido de dignidad.
Morazán estará siempre en su pedestal inalcanzable, con su figura agigantándose continuamente en el sinfin de los tiempos. El panfleto de muchas páginas, del que le atribuyen la autoría, que no es tal, sí lo orientó. El afán propagandístico y agresivo, la difamación que pretende, con mentiras y medias mentiras, refleja la contradicción que en él, por él y para él, invariablemente, deriva en caos. Lo que pudo destruir en la mente y el corazón de un niño, ahora adulto, sembrando odio, sin un libro, a punta de repetir mentiras, no volverá a repetirse.
Tal el caso, ya emblemático, del agresor de una asistente en traje de baño a la celebración del Día del Trabajador hondureño, que el patrón del caos logró distorsionar en reunión sectarista. Pesar nos despertó. Habrá que hacer uso de los recursos legales correspondientes. Aunque esta justicia nuestra -la de los ojos descubiertos- los declare inadmisibles, pero que sean agotados para hacer lo propio en instancias internacionales. Mientras tanto, padres de familia, pedagogos, psicólogos deben debatir el efecto pernicioso del Libro J28.
De sobra es conocido lo sucedido, y su condición de responsable directo, del patrón del caos, y quienes usufructúan el poder gracias a él. En la contradicción que es su vida, no se le ocurrió reproducir textos de matemáticas o español, desconocidos por los niños en las escuelas. Porque lo suyo es la voracidad de riqueza y poder, y para ello, trata de imponer lo que cree se los asegure. Tanta es la frustración de un pueblo que la canalizan por la desventura... y no se enteran. No, presidente Zelaya, esa no es una de sus gracias.