Reyes del basurero

De nada sirve acumular fortunas particulares si alrededor se construye pobreza, inseguridad, enfermedad, ignorancia y atraso nacional

  • Actualizado: 31 de agosto de 2026 a las 00:00

En Honduras han confundido gobernar con mandar y administrar el Estado con administrar privilegios. Cada gobierno anuncia planes, estudios, diseños y proyectos como si la República comenzara nuevamente cada cuatro años. Se pagan consultorías, se elaboran documentos, se celebran presentaciones y, cuando cambia el poder, muchas iniciativas quedan engavetadas, abandonadas o sustituidas por otras con nuevo nombre y nueva fotografía.

El desperdicio no solamente es apropiarse del dinero público. También es una forma grave de corrupción política pagar por conocimiento que después no se utiliza, destruir la continuidad institucional y negar a la población beneficios necesarios simplemente porque un proyecto nació bajo otra administración.

El Proyecto de Desarrollo Agrícola de la Cuenca del río Choluteca es un ejemplo que debería avergonzarnos. Sus antecedentes sistemáticos se remontan a 1968. Posteriormente, se realizaron estudios con cooperación japonesa, se plantearon presas, generación eléctrica y sistemas de riego para decenas de miles de hectáreas. Se actualizaron estudios y diseños durante años. Más de medio siglo después, Honduras continúa estudiando nuevas alternativas hidráulicas para la misma cuenca, mientras el sur sigue padeciendo sequías, inundaciones y limitaciones productivas.¿Cuánto desarrollo perdió Honduras mientras los estudios envejecen en los archivos?Pero existe una contradicción todavía mayor: quienes temporalmente disfrutan del poder olvidan que también vivirán en el país que están deteriorando. Pueden pagar hospitales privados, pero no comprar una nación protegida contra epidemias. Pueden enviar a sus hijos a colegios privados, pero sus empresas dependen de trabajadores formados por el sistema educativo nacional. Pueden comprar vehículos lujosos, pero circularán por las mismas calles dañadas y congestionadas. Pueden importar alimentos, pero vivirán en una sociedad cuya estabilidad depende de una agricultura productiva.

De nada sirve acumular fortunas particulares si alrededor se construye pobreza, inseguridad, enfermedad, ignorancia y atraso nacional.

El dinero privado compra comodidad; jamás compra un país alternativo.Una buena educación eleva la capacidad de toda la sociedad. Una salud pública eficiente protege a ricos y pobres. Una agricultura moderna genera alimentos, empleos y divisas. Un transporte público digno disminuye congestionamiento, contaminación, tiempo perdido y costos económicos. Agua potable, seguridad, justicia e instituciones confiables incluso aumentan el valor de las propiedades y empresas de quienes las poseen.

Entonces, ¿qué inteligencia existe en enriquecerse durante cuatro u ocho años mientras empobrece el país donde vivirán sus hijos y nietos? El político que utiliza el Estado para enriquecerse puede sentirse rey mientras ocupa el poder. Pero si destruye escuelas, hospitales, agricultura, transporte e instituciones, solamente será rey del basurero: poseerá una corona temporal sobre una nación deteriorada.Gobernar exige pensar más allá del período electoral. Los buenos proyectos deben continuar, corregirse cuando sea necesario y ejecutarse cuando sean viables, independientemente de quién los inició. La verdadera riqueza de un gobernante consiste en el país funcional y en el bienestar que deja cuando abandona el poder. Dios salve a Honduras. Queda planteado.

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