Reeducándome...

"Nadie se salva delos impuestos (hasta 45% del ingreso) pero tampoco del bienestar social impulsado por el Estado”

  • Actualizado: 12 de enero de 2026 a las 00:00

Pude viajar otra vez, durante navidades, por la feraz tierra alemana -“Alles für Deutschland” según el prohibido himno nazi- y fue como reencender la visión de mundo pues Europa es, en general, primer orbe, lo que implica abundancia de cultura, conocimiento y tecnología. La visita me sirvió mucho ya que en el curso de este año fueron varias mis referencias en torno a tal continente, cuyos servilismo y sometimiento a Estados Unidos, armamentismo, afán de guerra e hipocresía política he denunciado y de cuyas verdades nada me arrepiento. Quiérase o no el vetusto continente es parámetro del planeta, brújula ética, ruta o vía de alguna acción social presente y futura, por veces admirable, a ratos equivocada como hoy. Parece que la zona sufre toda actualmente “bruselosis”, mala influencia de Bruselas...

El primer golpe cognoscitivo se da cuando uno observa que lo tecnológico marcha a la cabeza de la vida usual. Ya no hay cartas escritas con tinta azul, ni pagos en supermercados con tarjetas físicas de crédito sino por teléfono e incluso desde un reloj inteligente, y las citas todas para entrevistas se acuerdan por internet. Rento un auto por horas y el contrato y facturas arriban por email o guasap, suscribo, acepto y, ¡sorpresa!, a par de cuadras está el seminuevo vehículo sin nadie esperando. Activo el código enviado, no hay firmas en papel, marcho y emprendo mi recorrido. Al retorno haré lo mismo: certificar el tiempo empleado y pagar. Todo anónimo, insólito e impersonal...

Luego ocurre que en los primeros días viajo 400 kilómetros entre Germania, parte de Suiza y Austria, admirando los nevados Alpes, y no aparece en la carretera ni en vías regionales un solo carro policial, una ambulancia, autos de bomberos. La población se sabe, sin embargo, vigilada por millares de cámaras visibles e invisibles (China administra 700 millones de ellas) que detectan incluso prófugos y delincuentes. Las vías de alta velocidad (autobahn) permiten aceleres incluso de 250 km por hora sin que haya más que señales de guía visual: ni un solo agente de tránsito.

Es obvio que una de las medidas más sabias adoptadas por los gobernantes de este país es no sólo haber tendido una muy extensa línea férrea que atraviesa la nación sino además mantener trabajando para carga y pasajeros los trenes. Millas y millas metálicas cubren el mapa físico, sea de transporte entre ciudades y regiones, de metro interurbano o tranvía zonal, aéreos y subterráneos. Aunque eléctricos, la economía de combustible fósil es fenomenal.

Y no se diga el universo cultural sobre el que yace Alemania. Bibliotecas, salas de conferencia y concierto, galerías, estadios, anfiteatros, universidades de prestigio elevado y mundial, centros de investigación, laboratorios dedicados desde temas de energía atómica a conducta humana y, curioso en el mundo moderno, una arquitectura no por económica fea sino práctica y elegante y atractiva. Se puede beber agua del grifo pues es potable, nadie se salva de los impuestos (hasta 45% del ingreso) pero tampoco del bienestar social impulsado por el Estado.

No lo mejor del mundo (los nórdicos califican más arriba) pero sí una de las sociedades más armónicas, progresistas y constructivas que ha conocido la humanidad

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