Rayados y planchados

Desvelados, ojerosos, despeinados y en ayunas, los aspirantes a ocupar una curul durante el cuatrienio 2006-2010 conocieron de primera mano a lo largo del proceso electoral las distintas estratagemas

  • Actualizado: 14 de marzo de 2025 a las 00:00

Hoy muchos no lo recuerdan, pero en la elección de 2005
-la primera con “la sábana” de candidatos al Congreso Nacional- varios candidatos pernoctaron en las afueras del centro de cómputo del recién estrenado Tribunal Supremo Electoral (TSE), para “vigilar” que no se alterara su posición en la planilla de diputados electos. Desvelados, ojerosos, despeinados y en ayunas, los aspirantes a ocupar una curul durante el cuatrienio 2006-2010 conocieron de primera mano a lo largo del proceso electoral las distintas estratagemas para cambiar el orden de los resultados en los departamentos, los cuales incluían -sin agotar la lista- anulaciones de marcas propias o de los contrarios, llenado posterior de casillas en blanco, “errores” en sumatoria de votos o el famoso “borrador electrónico”, que afectaba artificialmente la posición de los candidatos en los conteos finales.

Aunque se conocieron bien muchas de estas irregularidades, aquel 2005 no se sancionó a nadie por invalidar o cambiar la voluntad de los electores. En ciclos electorales sucesivos, se continuó “perfeccionando” el manoseo y la imprecisión de los resultados, provocando quejas, acusaciones y contraacusaciones sobre la veracidad de la cantidad de votos obtenidos por ciertos candidatos. La mayoría de las denuncias se quedaban en pataleos y gritos al vacío, aumentando las dudas sobre todo el procedimiento, desde “la contada” en las mesas hasta “la sumada” en las actas y la “recolecta” en las bases de datos del TSE. Honduras no lo sabía, pero había introducido el equivalente a un virus en su sistema político electoral, que no solo era complejo en su ejecución, sino que provocaba desconfianza en los usuarios: los votantes creían cada vez menos en los números de las elecciones generales y, peor, que los representantes elegidos merecieran sus posiciones. Para más inri, la ciudadanía desconocía el funcionamiento del cociente departamental y cuestionaba un sistema en el que los candidatos con más marcas a su favor quedaban fuera del Congreso Nacional.

Pronto, los partidos se percataron que se perdía el control de la cámara legislativa, por el cruce de votos entre las planillas. Las listas empezaron a llenarse de personajes de la TV y deportistas, con imagen posicionada ante la opinión pública, buscando atraer a un votante cada vez más díscolo que rehuía el “direccionamiento” de su voluntad. Y fue entonces cuando en la elección del 2017, el partido Nacional llamó -en medio de críticas- a votar en raya. La molestia duró poco pues el resto de los partidos llamó a votar “en plancha” a partir de las elecciones de 2021. El resultado de las elecciones primarias del 9 de marzo -en que varios movimientos llamaron a votar “solo por su lista”- evidencia que hemos entrado en una nueva etapa, en la que es necesario revisar el sistema de representación para que las elecciones no solo permitan fortalecer los equilibrios partidarios del Poder Legislativo, sino además contar con diputados que en vez de dar pena, la valgan.

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