Profunda

La optimización del gasto público no es opcional es obligación moral ante el pueblo empobrecido y reformas profundas

  • Actualizado: 31 de enero de 2026 a las 00:00

Cada gobierno se mide por la diferencia entre lo que prometió y lo que cumplió. El que acaba de finalizar su mandato sale dejando una gran deuda social, política y económica. Altas expectativas que generaron, promovidas con discursos de justicia social, fortalecimiento democrático y cambio que nunca se concretaron. Fueron, los discursos terribles de odio y descalificación, los que les dieron más altos resultados, para crear desesperanza, un sinsentido que deben estar lamentando. La confianza ciudadana fue siendo erosionada en los últimos cuatro años ante la capacidad demostrada, esa si, para la improvisación, la ausencia de sentido de urgencia, la insensibilidad, la ineficiencia en el gasto público, la malversación de recursos del pueblo. Nunca intentaron reformas estructurales. Relegaron el fortalecimiento de la democracia ante su determinación malsana de polarizar nuestro país. Las deficiencias históricas de la salud y la educación se continuaron arrastrando, sin esfuerzos de revertirlas, más que las reparaciones físicas de escuelas. Algo al menos. Como se ensañaron en la juventud y en general en la clase trabajadora: se eliminó el empleo por hora, negándoles este ingreso a tantos que lo requerían, y tomaron decisiones letales que llevaron a la pérdida de cientos de miles de empleos. Terrible. El gobierno saliente no transformó nada, solo el futuro de la oligarquía melista y sus 25 familias. Han dejado muchas tareas inconclusas y problemas agravados. El gobierno entrante recibe una nación con muchas y grandes cuentas pendientes y una ciudadanía demandante. Marcar distancia es forzoso, ya empezaron a hacerlo. Una visión clara, determinación, planes a concretar, exigencia de resultados, todo para cumplir una agenda urgente como amplia. Todo se ocupa para ayer. La reforma de los órganos jurisdiccionales y electorales es crucial para el porvenir de Honduras. La optimización del gasto público no es opcional es obligación moral ante el pueblo empobrecido y reformas profundas.

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