Paradoja mundial: más armas, menos pan

Se repite demasiado que resolver el problema mundial del hambre es fácil; solo es cuestión de dinero

  • Actualizado: 02 de mayo de 2025 a las 00:00

Se repite demasiado que resolver el problema mundial del hambre es fácil; solo es cuestión de dinero. Pero, como ya se sabe, el diablo está en los detalles, y cuando se pregunta quién pondrá los recursos, los líderes globales miran para otro lado en una lamentable paradoja, si comparamos esto con el monstruoso gasto militar, que este año alcanza cifras aturdidoras.

Más que números, miremos personas: son unos 850 millones en 120 países que no tendrán pan para hoy; cientos morirán abatidos por inanición, mientras se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen en el planeta, no sólo por la sobrealimentación de los que comen en exceso, sino también por mucha, muchísima comida que va a la basura.

En la ONU, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) saca cuentas y estima que se necesitan 40 mil millones de dólares al año de aquí a 2030 para darle alimento a una población que se desvanece ante la indiferencia mundial. No es tanto dinero comparado con otros presupuestos superfluos y derrochadores.

Ahora desconsuela saber que el planeta se está pertrechando de nuevo, como no ocurría desde hace cuarenta años, al final de la Guerra Fría. En 2024, los gobiernos dedicaron 2,718 billones de dólares al gasto militar, y este año será peor si las compras continúan aumentando un 9.8 %, mientras el hambre -tan letal como las guerras- sigue matando personas ante los ojos de todos.

Pretender un mundo perfecto es como querer encontrarle sentido a la vida, y tal vez es pedir demasiado esperar más racionalidad, sentido común, solidaridad y una renovada condición humana que priorice los arados, cosechadoras y tractores, en vez de tanques, cazas, misiles o fusiles, y que cambie los campos de batalla por campos de cultivos.

A saber qué pensaban en el PMA, pero en 2021 hicieron un llamado escéptico a los multimillonarios del mundo para que, entre todos, donaran 6 mil millones de dólares y ayudaran a que 42 millones de personas no cayeran en la hambruna en 43 países. Nadie respondió. Algunas empresas, ciertos gobiernos dieron algo, sin alcanzar la meta. Jeff Bezos y Elon Musk resolverían esta tragedia con el 2 % de su riqueza.

Estados Unidos es, por mucho, el mayor comprador de armas del mundo; el año pasado gastó un billón de dólares en diferentes equipos militares. Le sigue China, de lejos, con menos de un tercio de ese gasto: unos 314 mil millones. El presidente Donald Trump también presionó a Europa para que aumentara al 2% de su PIB el presupuesto bélico, y los europeos no han dudado en embarcarse en la incontenible carrera armamentista.

En todas las guerras declaradas, desgraciadamente, mueren a diario un promedio de 700 personas, entre Ucrania, Gaza, Sudán, Myanmar, Yemen o Somalia. Pero el hambre, silenciosa y despiadada, mata a 24 mil seres humanos todos los días, según registros de la ONU, y esta barbarie no se resuelve con caridad, sino con justicia económica, combatiendo la desigualdad.

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