Otro dios

"Nuestra Constitución Política manifiesta que ‘la educación nacional será laica y se fundamentará en principios esenciales de la democracia’"

  • Actualizado: 23 de febrero de 2026 a las 00:00

De nuevo, torpe e insistente, un clan fanático adjetivado padres de la patria consiguió que el congreso declarara obligatorio leer la Biblia judaica en escuelas, como si perteneciéramos a una sociedad sustentada en la religiosidad y no en el liberalismo fundador, esencialmente laico, o como si residiéramos en la Edad Media, cuando no había explicación científica de los fenómenos sociales ni naturales y cuando el imperio del dogma y el autoritarismo clerical formateaba disforme y enteramente a la sociedad más allá de sus destinos naturales de desarrollo.

Si esos siete siglos de ideología de la creencia y la superstición no hubieran existido, si el humano los hubiera disuelto y superado, el orbe sería hoy probablemente reino de comprensión y armonía en vez de la tensión y discordia en que existimos. Tres millones de muertos en las cruzadas gnósticas y millares más asados a la hoguera por infidelidad a la creencia deben enseñar a nuestra época que la inventada fábula de los libros “sacros”: Vedas, Tipitaka, Torá, Shinto, Corán o Biblia, es solo escritos en absoluto humanos con inventada y jamás probada intervención divina. Pasé ocho años estudiando el tema, experiencia reflejada en mi libro “El ojo santo”.

Además de que tal propuesta retrógrada es jurídicamente ilegal. En capítulo VIII “De la Educación y Cultura” nuestra Constitución Política manifiesta que “la educación nacional será laica y se fundamentará en principios esenciales de la democracia”, por lo que esa paja eclesiástica y teológica carece de sustancia histórica, legal, social y de tradición.

Pero es que esa ha sido desde 1830 (en verdad desde el año mil) la lucha humanista, el combate mental entre ultraoscuros conservadores, naturalistas extraviados, espiritualistas visceralmente analfabetos y confusos contra progresistas del pensamiento social anclados más allá de la realidad y verdad de sus idealizados dioses, beatos, santos y ángeles que supuesto nos gobiernan. Aceptar eso es admitir que la imaginación administra lo concreto, lo real y la verdad. Jamás, jamás y nunca descendió o apareció un santo o una virgen para conducirnos a su verdad. Los dioses son fabulación del hombre.

Ello no significa que no creas en dios, de ningún modo. Excepto que una sustancia es la aceptación de Él y otra que lo acompañe una troupe o comparsa maligna y económicamente explotadora y engañadora de sacerdotes, curas, pastores, gurús, shamanes cuya labor es inducir a que el dinero componga la fe.

Dice Chomsky: “Utilizar lo emocional más que la reflexión es técnica clásica para causar cortocircuitos en el análisis racional y el sentido crítico del individuo. La utilización del registro emocional abre puertas de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos”.

Declaremos entonces sin pudor y con máxima conciencia que la moción para leer la Biblia en escuelas no es más que un desesperado acto de evangelización por parte de profanos (no legos) que en su alteridad mental imaginan que dios va a solucionar los problemas del orbe y no nosotros, agentes de cambio universal.

Los humanos seremos siempre el poder colectivo que procura, no la fantasía de dios.

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