No es una frase de buen presagio, al contrario, desear a alguien que ojalá le toque vivir en tiempos interesantes se considera como la pretensión de que sufra épocas difíciles: dramáticas crisis económicas, incontrolables convulsiones sociales, dolorosas catástrofes naturales, rencorosos enfrentamientos políticos, espantosas guerras sin sentido, es decir, es una maldición.
Durante años se consideró esta frase como una antigua “maldición china”, pero no hay registros históricos que apoyen este origen. Está documentado que la expresión surgió en el ambiente político y diplomático británico, que habrían interpretado mal un viejo proverbio chino, y de ahí se difundió al mundo anglosajón, incluso, se consignó en textos educativos de Estados Unidos como ejemplo de sabiduría oriental.
Estos tiempos revueltos, pendencieros y violentos, quedan grabados como momentos históricos fascinantes o “interesantes” para los historiadores y especialistas que en el futuro estudiarán la época que nos ha tocado vivir, pero, para nosotros que sufrimos los acontecimientos y sus consecuencias, es un período insufrible de aflicción y miedo.Dicho esto, parece que los hondureños recibimos el lamentable augurio de que nos tocará vivir en tiempos interesantes. El país se ha deteriorado estrepitosamente; lo nota la gente en el supermercado, en la pulpería, en la farmacia, en la gasolinera, en el bus, en el alquiler. Lo peor es que no hay esperanzas de mejorar.
Pero, no se trata solo de la estropeada economía y la subida demoledora de los precios; el ambiente político, por ejemplo, es irrespirable o, mas bien, asfixiante. La fauna política hondureña no hace más que descargar odio y represalias, en vez de buscar soluciones para el bien común, que en teoría para eso están, y por extensión para crear confianza y optimismo.
Y, si nos adentramos en la sociedad hondureña el panorama no es mucho mejor, poco halagüeño: gran parte de la población -obvio, siempre hay excepciones- no solo se ha puesto en manos de las envilecidas redes sociales, sino que propagan las noticias falsas, multiplican los insultos e insuflan el odio. Claro, también está la violencia criminal, producto de un sistema brutal, excluyente y empobrecedor.
Si vemos alrededor, digamos en nuestra región, todos están mejor que nosotros -excepto Haití- a pesar de que algunos países hayan sufrido devastadores terremotos, desoladoras sequías y destructores huracanes. Solo hay que ver las noticias y la historia: Honduras siempre fue pobre y desigual; y con los dirigentes y los votantes que tenemos, lo seguirá siendo.
Más allá de nuestros mares, también hay crisis: guerras estúpidas en Europa y Asia, por la ambición expresa de recursos naturales, pero su crisis se mide en función de su propia realidad, cómo estaban hace unas décadas y cómo están ahora. A nosotros nos han tocado toda la vida tiempos interesantes. Y no, no es por maldición.