Necesidad histórica de un Estado emprendedor (1/2)

Mazzucato argumenta que las innovaciones tecnológicas más revolucionarias de la historia contemporánea -desde el internet, la biotecnología hasta la inteligencia artificial- no surgieron de la genialidad aislada del sector privado

  • Actualizado: 09 de septiembre de 2026 a las 00:00

El concepto del desarrollo económico ha evolucionado desde la simple acumulación de capital hacia un enfoque sistémico donde las instituciones y el sector público juegan roles determinantes. Al analizar la prosperidad de las naciones, los planteamientos de Mariana Mazzucato y Daron Acemoglu se complementan de manera estratégica. Mientras Mazzucato derriba el mito del Estado como un mero ente regulador para proponer un Estado Emprendedor, Acemoglu aporta la necesidad de una fortaleza institucional y una buena gobernanza. Ambos enfoques configuran una hoja de ruta estratégica para alcanzar un crecimiento económico eficiente, ambientalmente sostenible y orientado al desarrollo humano.

Mazzucato argumenta que las innovaciones tecnológicas más revolucionarias de la historia contemporánea -desde el internet, la biotecnología hasta la inteligencia artificial- no surgieron de la genialidad aislada del sector privado, sino de inversiones públicas de alto riesgo que luego fueron explotadas comercialmente por particulares. El Estado Emprendedor debe corregir las fallas del mercado. Tiene el deber de detectarlas científicamente y darles forma mediante una visión estratégica orientada a misiones o quehaceres productivos colectivos. En el contexto actual, la transición energética y la mitigación del cambio climático son una “misión” urgente. Un Estado pro activo debe asumir las inversiones iniciales más inciertas, guiando la innovación hacia tecnologías limpias y sostenibles que el mercado, por sí solo, tardaría demasiado en financiar.

Sin embargo, el dinamismo estatal puede derivar en ineficiencia o corrupción si carece de un marco institucional sólido y de liderazgos calificados. Es aquí donde el planteamiento de Acemoglu resulta indispensable. Se requieren instituciones incluyentes en lugar de extractivas. Acemoglu demuestra que el éxito económico a largo plazo depende de reglas del juego claras que garanticen los derechos de propiedad, fomenten la competencia y limiten el poder de las élites. Una buena gobernanza asegura que el Estado Emprendedor no se convierta en un aparato burocrático capturado por intereses particulares, proclive a los monopolios u oligopolios, sino en un catalizador transparente y responsable ante la sociedad para garantizar suficiente competencia y equidad en el mercado.

La simbiosis entre el Estado Emprendedor de Mazzucato y la fortaleza institucional de Acemoglu (entre una diversidad de autores de larga historia) puede concebirse como un motor para un eficaz modelo de desarrollo. La gobernanza incluyente canaliza la audacia del sector público, garantizando que los frutos de la innovación y el crecimiento económico no se concentren en unos pocos, sino que se traduzcan en un auténtico desarrollo humano: acceso a salud, educación y empleos de calidad. Asimismo, esta sinergia institucional permite establecer regulaciones ambientales estrictas y equitativas, asegurando que el crecimiento actual no comprometa los recursos de las futuras generaciones. En conclusión, la necesidad histórica de un Estado Emprendedor es indudable ante los desafíos globales contemporáneos. No obstante, su efectividad estratégica está supeditada a la calidad de sus instituciones con poblaciones beligerantes.

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