Nasry Asfura: identidad del mandato presidencial

Papi a la Orden tiene la oportunidad de devolverle la dignidad al mandato presidencial. Para lograrlo deberá gobernar como Nasry Asfura y responder únicamente ante Dios, la Constitución y el pueblo hondureño

  • Actualizado: 10 de agosto de 2026 a las 00:00

La Presidencia de la República no es propiedad de un partido político, menos de una familia ni de quienes gobernaron. Es una responsabilidad temporal conferida por el pueblo para servir al bien común. Por eso, gobernar es imprimirle al Estado una identidad propia, limpia y reconocible, respetando el mandato y evitando las sombras perversas de gobiernos anteriores que contaminen el presente. El presidente debe gobernar con su conciencia, su equipo y una identidad definida por la honestidad, el trabajo y el cumplimiento de la ley.

El presidente Nasry Asfura llegó al poder para resolver. Su expresión “Papi a la Orden” no debe quedar reducida a una consigna electoral. Debe convertirse en filosofía de gobierno donde la autoridad escuche, responda y entregue resultados. Pero para lograrlo necesita establecer una distancia inequívoca entre su administración y las conductas administrativas de Juan Orlando Hernández que desacreditaron los poderes del Estado de Honduras.La historia ya dictó una advertencia imposible de ignorar. Hernández fue condenado por un tribunal federal estadounidense a 45 años de prisión por narcotráfico. El indulto que más tarde recibió le restituye la libertad, pero no convierte aquel exgobierno en modelo moral ni administrativo para Honduras. Confundir clemencia con absolución histórica es un error peligroso.Nasry Asfura no debe cargar culpas ajenas, pero tampoco permitir que lo arropen las mismas prácticas, los mismos intereses o los mismos silencios. Su mejor respuesta consiste en construir un gobierno tan distinto que la comparación resulte evidente. Esa diferencia debe observarse en licitaciones públicas, selección de funcionarios, manejo del presupuesto, sana relación con la justicia, seguridad ciudadana y proteger dignamente a los pobres. Rechazar absolutamente la corrupción y cuidarse de los aduladores.El presidente debe escoger colaboradores honestos y capaces, separar a quien confunda servicio público con negocio privado. El funcionario que roba no solamente sustrae dinero: roba medicinas, escuelas, carreteras, alimentos y esperanza. La corrupción no es travesura política; es violencia contra la población.

Asimismo, respetar el mandato exige que los antiguos gobernantes comprendan que su tiempo terminó. Pueden expresar opiniones como ciudadanos, pero no dictar decisiones, repartir cargos ni convertir la cercanía partidaria en autoridad paralela. Honduras eligió a Nasry Asfura, no a una presidencia compartida ni a una restauración disfrazada.El gobierno de Nasry Asfura debe actuar sin persecuciones y sin pactos de impunidad. La justicia independiente se ocupa de responsabilidades individuales, la presidencia debe dedicarse a producir bienestar. Ni venganza contra adversarios, ni protección para amigos: una misma ley para todos.La diferencia que Honduras espera no se anuncia; se demuestra. Se demuestra trabajando, rindiendo cuentas, corrigiendo errores y rechazando toda influencia incompatible con el interés nacional. Papi a la Orden tiene la oportunidad de devolverle la dignidad al mandato presidencial. Para lograrlo deberá gobernar como Nasry Asfura y responder únicamente ante Dios, la Constitución y el pueblo hondureño. Queda Planteado.

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