Si conociéramos cuántas acciones ejecuta nuestro organismo al pronunciar una palabra - ejemplo “hola”- nos asombraríamos. Cuando tu ojo avisa de una persona conocida, mil millones de neuronas (de 86,000,000,000 que posee el encéfalo) emiten la orden “diga hola” y los pulmones expulsan aire a las cuerdas vocales, que vibran produciendo sonido. Lengua y labios se posicionan y articulan ‘h’ ‘o’ ‘l’ ‘a’. Aire, cuerdas vocales, lengua y labios producen el vocablo.
Ciertos nervios y cierta percepción del oído piden al cuerpo ajustar su habla en respuesta a lo que escucha, desencadenando en el otro procesos similares de captación y emisión. Suceden entonces estas acciones fisiológicas: respiración, que genera flujo de aire para producir sonidos; fonación: las cuerdas vocales vibran generando voz; articulación: lengua, labios y paladar moldean los sonidos y forman palabras, y, resonancia: cavidades oral y nasal matizan el sonido, afectando su calidad y timbre. Ello en milésimas de segundo.
El sistema respiratorio proporciona flujos de aire que producen el habla, un proceso que inicia en los pulmones y que el diafragma modula, más otras estructuras que controlan volumen e intensidad del sonido. Ejemplo: si hablamos en voz baja el diafragma se contrae suave para liberar aire, mientras que al gritar el diafragma se contrae vigoroso, generando mayor presión de aire.
Pero similar existe el aparato fonador, que incluye las cuerdas vocales de la laringe. Al pasar aire las cuerdas vibran y producen sonoridad. La posición de las cuerdas cambia para modificar el tono e intensidad de sonido, llegando hasta vibrar mil veces por segundo durante la producción. Es así como diferenciamos entre un susurro y un grito, o como los locutores modulan su emisión para hacerla grata, feliz o tenebrosa, verbigracia en las radionovelas.Tenemos también cavidades oral y nasal: ¿pero qué hacen? El sonido que generan las cuerdas vocales resuena y se modifica en las cavidades de nariz y boca. Lengua, labios y paladar ajustan esos sonidos según pasan entre ellas, permitiendo diversos fonemas. Esa resonancia puede variar de una persona a otra. Factores como la forma de la cavidad oral, la longitud de las cuerdas vocales y la densidad de los tejidos blandos influyen en la calidad y timbre. Ello explica por qué cada fulano tiene un tono único de voz.
Palabras complejas como ‘hipopótamo’ activan músculos de cara y cuello, orquestados por el cerebro con precisión milimétrica. Si decimos ‘casa’, el aire exhalado por los pulmones vibra las cuerdas vocales y las estructuras de la boca se posicionan para articular el sonido específico de cada letra.
Si un médico evalúa la condición auditiva y acústica de un paciente lo que observa es el sonido producido durante el habla, con variables como frecuencia, que es el tono del sonido; intensidad, que mide volumen de sonido, y duración, que evalúa cuánto persiste el sonido, ejemplo una larga nota al cantar.
Una prueba acústica puede determinar si una persona utiliza su voz en forma eficiente, ya que identifica incluso con IA el uso apropiado o inapropiado de nuestra frecuencia o intensidad, lo que pudiera causar fatiga vocal o hacernos cantar tristemente desarropados.