Maneje despacio, llegue seguro

Valdría la pena que aprendamos de nuestras lecciones del pasado, si queremos ser viables como nación para 2050

  • Actualizado: 13 de febrero de 2026 a las 00:00

Una tonadita. Un dibujo o imagen. Una frase. “Ayudemos todos...a tener ciudad”. Muchos crecimos escuchando los eslóganes de campañas públicas, que demostraron ser oportunas y bien hechas, pues calaron en nuestra forma de pensar y comportarnos. Tirar cualquier papel estrujado en un basurero, se convirtió en la consecuencia lógica de la repetición de aquellos anuncios que el “Concejo Metropolitano del Distrito Central” difundió por los medios de comunicación, con el apoyo visual de la imagen de una estilizada mano que colocaba un papel doblado en un cesto. Una versión gigante de este dibujo -acompañado de la línea “Ayudemos todos”- en la avenida Paz Baraona (hoy “Liquidambar” o “Calle Peatonal”) del centro de Tegucigalpa, era visible desde la mayor parte de la plaza central. El veterinario, político y caricaturista Ramón Villeda Bermúdez (QDDG) había concebido la pieza por solicitud de las autoridades edilicias como parte del esfuerzo gubernamental para mantener limpia la capital (años más tarde una escoba animada que repetía la línea “La basura... a la basura”, reforzó el mismo mensaje).

Algo similar ocurrió con el lema “Cuidemos el bosque”, línea principal que repetía un sonriente conejo con casco, que utilizó la autoridad de la antigua Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (Cohdefor) a inicios de los ochenta, para promover el cuidado de los árboles del país. Broches, pegatinas (stickers), llaveros, vallas, camisetas y anuncios en cuanto medio fuera posible, fueron diseminados a lo largo y ancho del territorio para prevenir incendios y contrarrestar la tala indiscriminada, a la par de acciones de reforestación masiva que involucraban a estudiantes y ciudadanía en general.

Ambas iniciativas -disponer responsablemente de los desechos y cuidar los bosques- necesitaban también de políticas públicas, recursos suficientes y autoridades con voluntad política que las hicieran cumplir, para ser realidad. Aunque no contaron con buen seguimiento en gestiones posteriores, sí cumplieron parcialmente sus objetivos pues si no ni las mencionaríamos hoy como ejemplos virtuosos.

A veces era la empresa privada la que “daba en el clavo”. Una compañía de seguros ya desaparecida utilizó el lema “Maneje despacio llegue seguro”, con tanta frecuencia que hay varias generaciones que, al escuchar la primera parte de la breve oración, completarán el resto sin mayor esfuerzo. La empresa hoy ya no existe, pero su propuesta es hoy más urgente que nunca, si vemos la grave situación de la seguridad vial que vivimos en la actualidad.

Botar la basura en cestos y cuidar bien los bosques son tan vitales como conducir con seguridad y celo. Valdría la pena que aprendamos de nuestras lecciones del pasado, si queremos ser viables como nación para 2050, callándole la boca al autor de “Sapiens”, quien pronostica que la forma en que gestionamos lo público, con corrupción y falta de inversión en educación y tecnología, nos condenará irremediablemente a la desaparición.

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