Raúl de Molina habla sobre su depresión: "Nunca pensé que me iba a pasar"
El conductor cubano de "El gordo y la flaca" rompió el silencio sobre su depresión, una batalla emocional que mantuvo en privado durante casi un año
- Actualizado: 28 de febrero de 2026 a las 15:26
Durante casi tres décadas, Raúl de Molina ha sido sinónimo de risa fácil y energía desbordante en las mañanas de la televisión hispana. Por eso sorprendió profundamente cuando el presentador cubano, rostro inconfundible de "El gordo y la flaca" en Univision, decidió bajar la guardia y hablar de la depresión que atravesó.
Con casi 28 años conduciendo uno de los programas más longevos y populares del espectro televisivo en español, De Molina goza de una reputación construida sobre su espontaneidad y su humor sin filtro. Pero detrás de esa imagen que millones de televidentes identifican al instante, hubo un periodo oscuro que el presentador guardó para sí hasta ahora.
Todo comenzó con una cirugía para reducción de estómago que derivó en complicaciones inesperadas. Diez días después de la operación inicial, De Molina tuvo que someterse a una segunda intervención de urgencia a causa de unos medicamentos que ingirió y que no debía haber tomado.
Las semanas que siguieron lo mantuvieron alejado de las cámaras y, sin que el público lo supiera, lo hundieron en un estado emocional que él mismo nunca imaginó que le podría ocurrir.
"Después de la operación que yo tuve para quitarme el estómago, me puse bastante deprimido. Yo nunca pensé que me iba a deprimir en mi vida", dijo el presentador con una franqueza que tomó por sorpresa a quienes lo conocen por su talante alegre y desenfadado.
Lo que hace especialmente reveladora su confesión es que la depresión no cedió cuando logró volver al trabajo. Según sus propias palabras, el peso emocional lo acompañó incluso bajo los reflectores. "Estuve por largo tiempo cuando no vine a trabajar y después hasta cuando vine a trabajar deprimido, que lloraba y todo eso en algunos momentos. Y es difícil", reconoció.
Esa frase condensa algo que muchos enfrentan y pocos nombran con tanta claridad: la depresión no respeta horarios ni escenarios. Puede colarse en una reunión de trabajo, en una grabación en vivo, en un momento que el mundo exterior percibe como cotidiano y que por dentro se siente insostenible.
De Molina no esquivó la ironía de su propia historia. "Es una cosa que uno dice: 'Ay, no me va a pasar', y mira me pasó", señaló. Una frase corta que carga el peso de muchos prejuicios que aún rodean a la salud mental, incluso entre quienes viven expuestos ante una audiencia millonaria.
El presentador, quien está próximo a alcanzar los dos millones de seguidores en Instagram, fue enfático al señalar que no salió solo de ese pozo. Su esposa jugó un papel determinante en su recuperación, acompañándolo en los momentos más difíciles de un proceso que no tiene fecha fija de inicio ni de cierre.
Tampoco estuvo solo en el estudio. Su compañera Lili Estefan, con quien comparte set desde hace años, le lanzó un mensaje cargado de afecto durante la conversación. "Espero nosotros te hayamos ayudado. Aquí estuvimos todos", le dijo.
La declaración de De Molina llega en un momento en que la conversación sobre salud mental en la comunidad latina sigue ganando terreno, aunque a paso lento. El estigma persiste, y figuras públicas que se atreven a hablar desde su propia experiencia terminan abriendo puertas que muchos no se habían permitido siquiera tocar.
Con una sólida trayectoria y una audiencia fiel que lo sigue semana a semana, Raúl de Molina acaba de protagonizar quizás su momento televisivo más humano.