En 1994, durante la Primera Conferencia de las Américas en Miami, se estableció como prioridad analizar y debatir los desafíos del continente americano, así como promover la integración hemisférica y la responsabilidad nacional y colectiva para fortalecer el bienestar económico y la seguridad. La Declaración de Principios de la Cumbre reflejó un compromiso con el desarrollo y la prosperidad; fundamentados en la preservación y consolidación de una comunidad democrática.
A lo largo de las diferentes cumbres, se han abordado temas relevantes sugeridos por los gobiernos y jefes de Estado. En la más reciente Cumbre, realizada en Los Ángeles, California, del 7 al 10 de junio de 2022, el lema fue: “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”. Eran los tiempos en que todavía se podía hablar de desarrollo y las mismas teorías que lo respaldaban eran objeto de análisis.
La situación ha ido cambiando, de aquellas reuniones donde, a pesar de las discrepancias entre los líderes latinoamericanos, siempre era posible llegar a algunos acuerdos, aunque al final siempre quedaban como simples deseos y no como parte de acciones prácticas en beneficio de una agenda que favoreciera la estabilidad democrática de las naciones. Se fingía, en muchos casos, que éramos repúblicas libres y soberanas.
América Latina no ha podido definir una política de desarrollo, libre de tensiones y de imposiciones que provoca su relación con Estados Unidos, quien se considera con el derecho de intervenir en los asuntos internos de cualquier país de la región. En la presente administración, Donald Trump, antes de la detención ilegal de Nicolás Maduro en Venezuela, dijo que el secretario de Guerra y Marco Rubio estarían a cargo del gobierno de transición que se establecería en Venezuela. Cuestión inexplicable en una relación de Estados independientes y, con un manifiesto desprecio, en una de sus alocuciones dijo que, “no voy a aprender su maldito idioma”, y en vez de causar molestia en los presentes, causó gracia.
La situación ha ido de más a menos. Donald Trump convocó a lo que él llamó Cumbre “Escudo de las Américas” en Miami (marzo 2026). En esta cumbre ya no se hizo una convocatoria abierta, se convocó de manera más selectiva, a los más amigos, a los más obedientes e identificados con la política de Washington.
La cumbre de presidentes tenía como objetivo principal hacerle frente a lo que Trump ha calificado como la creciente influencia del presidente de la República China, Xi Jinping. La cumbre se convocó para coordinar acciones regionales que limiten la presencia de China en el hemisferio occidental, lo cual es considerado por las autoridades de EE UU como un riesgo para la seguridad y prosperidad de Estados Unidos.¿Será que los Estados Unidos, sus autoridades, se perciben a sí mismo como una potencia en decadencia que hasta la presencia de los chinos en nuestros países se ve como amenaza?Ojalá lo dicho por el presidente Nasry Asfura, de revisar las relaciones con China, no se inserte en la percepción de Donald Trump. Sería vergonzoso.