“El pueblo pasa hambre porque sus gobernantes cobran demasiados impuestos”: Lao Tse, filósofo chino, circa 500 a.C.)Tanto en Mesopotamia como en Egipto hacia el 3000 a.C. ya se recaudaban impuestos a las cosechas y al ganado. Los romanos lo convirtieron en carga y castigo y, posteriormente, los ingleses los perfeccionaron disfrazándolos con el concepto de “consentimiento” o “representación” de quienes los imponían con el “acompañamiento” por parte de los representantes del pueblo.
Históricamente, cuando los exactores o cobradores de impuestos se aprovechaban de los ciudadanos cobrando en demasía, extorsionándolos y robándoles descaradamente, se convertían en una casta odiada, envilecida y despreciada. Hay muchas historias y leyendas sobre pueblos levantándose en armas en contra de exactores abusivos las cuales han inspirado libros y películas.
En Honduras pagamos varios tipos de impuestos estatales y municipales, directos e indirectos, que pueden llegar a decenas, dependiendo de si es persona natural o jurídica. También pagamos diversas tasas y cargos por otra serie de servicios en el sector privado. Uno de los impuestos más caros es el de los combustibles, que puede llegar a representar entre un 25% y 30% del precio pagado en bomba por galón.
Al momento de escribir este artículo, el precio del crudo WTI (el mercado de compra de Honduras) se cotiza a $66.21 y el precio del galón de gasolina súper se paga a L105.12 (supuestamente subsidiado en 10 lempiras). Entre junio y julio de 2022 el crudo se cotizó en aproximadamente $114.00 el barril y el precio de la gasolina súper, entre el 4 al 11 de julio, llegó a costar L146.57 por galón. La relación de precios en ambas fechas comparadas no tiene sentido. ¿Cuánto podría subir el precio de la gasolina si el barril de petróleo subiera nuevamente a esos rangos históricos? Algo no cuadra.
Para no recibir el odio público, el escupitajo callejero y el desprecio generalizado, se inventan relatos acomodados como los cuentos del “subsidio a los combustibles”, “tensiones geopolíticas”, “no producimos petróleo”, etc. Pero nunca mencionan que el Estado nos atraca con L30 por galón en bomba sin mover un solo dedo o soltar una gota de sudor institucional. Así no puede avanzar económicamente una sociedad.
Cuando un gobierno es haragán, complaciente, acomodado y conformista no le importará que varios de sus departamentos aporten 0% en recaudación fiscal, mientras que solamente 3 de los 18 departamentos carguen con más del 85% del aporte fiscal de la nación. Por esa razón, cargar al pueblo con el ISV, ACPV e ISR desmesurados complementa esa obesidad operativa. Les resulta más fácil extender la mano limosnera al FMI, BCIE, BID o al BM y endeudar el futuro de Honduras.
Los combustibles son una variable muy importante en los valores de inflación en un país, porque afecta los precios de la energía, los costos de transporte de productos y materias primas, la elaboración de alimentos y un largo etcétera. ¿Renunciará a las obscenas ganancias el gobierno? Lo dudo. Pero algo debe quedarles claro: El pueblo pasa hambre porque lo han cargado con graves impuestos. Creemos que ha llegado el momento de revisar la mentada fórmula y darle un respiro al pueblo robando menos en impuestos y trabajando más.