Los dispositivos cada vez más inteligentes; ¿y nosotros?

Debemos hacer uso de la tecnología en nuestra vida diaria, pero no permitir que esta haga uso de nosotros. A la larga, podría pasarnos factura.

  • Actualizado: 21 de marzo de 2026 a las 02:43

Hoy me saldré un poco de la línea de lo que habitualmente hablamos por acá. Producto de una serie de situaciones, me siento reflexivo sobre la era que actualmente vivimos: una en la que podemos voltear a ver hacia nuestro pasado reciente y apreciar cómo ciertos productos de la vida cotidiana van quedando desfasados.

Es interesante la velocidad con la que la tecnología avanza. Estoy seguro de que, en este siglo y el anterior, los hechos que perdurarán en la historia son el internet y la inteligencia artificial (IA). Nuestros dispositivos, como celulares, iPads, computadoras y smartwatch, cada vez nos hacen la vida más fácil. No obstante, pienso que aquí se encuentra el dilema: si la tecnología nos facilita cada vez más las cosas, ¿será que como generación nos estamos acomodando a estas facilidades y, en lugar de ser un beneficio, pueden convertirse en un perjuicio?

Somos la generación de los clips, donde películas, series, libros e incluso TikToks deben captar nuestra atención en los primeros segundos; si no, dejamos de interesarnos y lo resolvemos con un simple movimiento del dedo sobre la pantalla. Tengo 32 años y, en la escuela, nunca hicimos uso de calculadora: debíamos utilizar papel y lápiz para resolver cualquier problema matemático. Asimismo, si no sabíamos el significado de una palabra, recurríamos al diccionario; lo mismo ocurría para buscar términos en inglés, para lo cual utilizábamos diccionarios bilingües. Ahora, todo esto se resuelve de inmediato con la IA. Pienso que esto ahorra mucho tiempo a quienes usan estas herramientas, pero también les da la “comida masticada”.

No quiero ser hipócrita: yo mismo hago uso de muchas de estas herramientas y, por lo mismo, me preocupa el impacto que esto está teniendo. Como sabemos, hace muchos años —incluso siglos antes de Cristo— existieron generaciones de filósofos altamente inteligentes, cuyos aportes han llegado hasta nuestra época y siguen siendo objeto de estudio e interpretación. En el pasado, pensar era un arte, formaba parte de la cultura. Hoy en día, temas como la filosofía, la sociología e incluso los asuntos políticos (alejados del morbo nacional) han perdido interés entre las nuevas generaciones.

La lectura cada vez se promueve menos. Ahora, si alguien desea conocer un libro, simplemente busca un resumen en internet y con eso considera suficiente. No debería ser así. Debemos fomentar el pensamiento crítico y enseñar a nuestros hijos el autocuestionamiento. Hay que darles herramientas para que comprendan la sociedad, pero también para que cuestionen lo que se les ha enseñado: por qué creen lo que creen. No dejemos que los videos en redes sociales o la IA les digan qué deben hacer.

Debemos hacer uso de la tecnología en nuestra vida diaria, pero no permitir que esta haga uso de nosotros. A la larga, podría pasarnos factura.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias