Aun tomando en cuenta muchas irregularidades y las crónicas debilidades institucionales, el resultado electoral de noviembre de 2025 fue muy claro. Terminó el efímero ascenso al poder del único partido que -hasta ahora- ha logrado derrotar al bipartidismo tradicional que ha prevalecido durante prácticamente todo el siglo XX, agregando lo que llevamos del presente.
El problema real, en esencia, no está en si tenemos a dos o tres partidos disputándose el poder en cada torneo electoral o en cada coyuntura de crisis social, política o económica. El problema es, ¿qué hace cada una de estas fuerzas tanto desde el poder o desde la oposición para identificar y realizar los cambios que el país necesita para avanzar en su crecimiento y desarrollo?
Libre efectivamente logró sacudir al bipartidismo, incluso perdiendo desde los procesos de 2013 y 2017. Desafortunadamente traían el bipartidismo en su ADN manifestado en un comportamiento sectario, fanático, voraz y plagado de ambiciones grupales y personales que los llevaron simultáneamente a ser fundadores del tripartidismo al triunfar contundentemente en 2021. Este tripartidismo lo debemos entender como el escenario mutante en el que persisten muchos de los mismos actores bipartidistas y emergen algunos nuevos, pero, contaminados con los mismos comportamientos nocivos de siempre. En los comicios de 2013, 2017 y 2021, vimos que el tripartidismo cojeaba por el lado del Partido Liberal. Ahora, lo vemos cojear por el lado del partido Libre. Nos decepcionó ver que el ascenso y practica de Libre en el poder, en lugar de marcar diferencia con el bipartidismo que incansablemente critican, su comportamiento estuvo enlodado en la cultura de tomar al gobierno como botín de guerra, como vulgar piñata, deseando quedarse en él, pero fracasando en su intentona, sintiendo “satisfacción” por haberse “aprovechado” todo lo posible de los recursos del Estado en el corto tiempo en el poder. Un alto grado de cinismo, acompañado de sus jactancias de “revolucionarios y refundadores”. Agregándole todavía más anticuerpos a la izquierda en el adverso movimiento pendular en América Latina. Esa verborrea “revolucionaria” les funcionó durante los años fuera del poder, pero fue totalmente inútil para renovar otra victoria, esta vez desde el poder. De continuar así en la llanura política -sin cambios de comportamiento y liderazgos- se les augura peores fracasos.Ahora entonces, ese “trípode” cojea por el lado del partido Libre aun con una cuota todavía muy significativa de 35 diputados, 70 alcaldes y una masa de votantes que aunque representen solo el 19% del total, debería ser un buen punto de partida para recuperarse. Todo dependerá de que el partido de la refundación logre precisamente “refundarse” esta vez, de una manera auténtica. Es una tarea realmente muy difícil, pero no imposible. Ojalá no estén pensando en volver a ser un partido de “oposición” solo pensando en aprovechar las fallas del partido en el gobierno. Ya es tiempo de que en Honduras existan buenos gobiernos, con decencia en el manejo de los recursos, buscando la eficiencia y con apertura sincera para la población. Simultáneamente, esperamos que exista verdadera oposición con planteamientos viables para corregir los errores de los gobernantes sin dejarse cooptar (venderse) y apoyando lo que sea positivo para las comunidades y el país en general.