Las expectativas económicas nacionales

Las estimaciones de inflación, crecimiento económico y tipo de cambio suelen fallar porque se basan en supuestos y modelos que no pueden anticipar con exactitud la incertidumbre económica.

  • Actualizado: 06 de noviembre de 2026 a las 21:20

Las expectativas de los hogares y las empresas son fundamentales para la economía, porque influyen en las decisiones presentes de consumo, ahorro, inversión, contratación y producción, según lo que esperan del futuro.

Cuando los hogares confían en la estabilidad de sus ingresos y las empresas anticipan un entorno económico favorable, tienden a aumentar el consumo, la inversión y el empleo, impulsando el crecimiento económico. Por el contrario, las expectativas pesimistas pueden frenar el gasto, reducir la inversión y debilitar la actividad productiva.

En consecuencia, la confianza y las expectativas constituyen un factor clave de la dinámica económica, pues pueden reforzar tanto las fases de expansión como las de desaceleración. Por ello, la estabilidad macroeconómica, la credibilidad de las políticas públicas y la seguridad jurídica son esenciales para generar expectativas favorables.

El Banco Central de Honduras (BCH) publica mensualmente la denominada “Encuesta de Expectativas de Analistas Macroeconómicos”, cuya última edición corresponde al mes de septiembre de 2026.

Generalmente en dicha encuesta los analistas suelen dar respuestas cuyas cifras son menores a los valores reales observados, lo cual indica que sus expectativas permanecen ancladas y que sus proyecciones son de índole conservador.

Por ejemplo, para diciembre del presente año, los analistas estiman que la inflación anual será del 5.0%, a pesar de que desde el mes de abril de 2026 la misma se mantiene por encima del 5.0%, alcanzando un valor de 6.28% en septiembre del corriente. Además, los encuestados consideraban que en diciembre de 2025 la inflación anual alcanzaría un 4.35%, pero en realidad mostró un nivel de 4.98%.

De acuerdo a la Serie Tendencia Ciclo del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) publicada por el BCH, el crecimiento económico observado durante julio de 2026 fue del 4.8%, pero los encuestados aludidos estimaban que era únicamente del 3.6%. El IMAE de diciembre de 2025 registró un 4.6%; con todo, los analistas estimaban un crecimiento del 3.6% para dicho año, que efectivamente terminó cumpliéndose.

Lo anterior revela otro problema de estimación, ya que las cifras del IMAE suelen ser superiores a la cifras reales observadas.

En lo relativo al tipo de cambio, los analistas macroeconómicos ocasionalmente tienen mayor acierto. Así, para el caso, en la encuesta de septiembre estimaban que la devaluación al finalizar el 2026 sería del 2.65%, y las cifras promedios reales de venta del dólar muestran un dato del 2.66% al mes de septiembre. Sin embargo, durante el 2025 las estimaciones de los analistas fallaron, ya que consideraban que en diciembre de tal año la devaluación sería del 3.76%, pero los datos promedios reales de venta indican que ascendió al 4.65%.

Las estimaciones de inflación, crecimiento económico y tipo de cambio suelen fallar porque se basan en supuestos y modelos que no pueden anticipar con exactitud la incertidumbre económica. Sus principales limitaciones son los cambios imprevistos en los precios internacionales, las tasas de interés, las políticas gubernamentales, los fenómenos climáticos, los conflictos geopolíticos y las expectativas de hogares y empresas. Además, los errores en los datos y los cambios de comportamiento de los agentes económicos pueden ampliar las desviaciones.

En resumen, las proyecciones no son certezas, sino escenarios sujetos a riesgos y revisiones constantes.

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