El 18 de mayo se conmemora el Día Nacional en Respuesta al Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), causa de la enfermedad conocida como síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), fecha establecida en la ley contra el VIH emitida por el Congreso Nacional en 1999 y reformada en el año 2015.
Desde que comenzó esa pandemia en 1985 hasta el año 2024, se han reportado en nuestro país 43,416 casos, predominando varones sobre mujeres, en una relación de 3:1, cuyas edades en más del 80% de los pacientes oscilan entre los 15-49 años. La pandemia afecta a todo el país, con mayor número de casos en siete departamentos, siendo estos Cortés, Francisco Morazán, Atlántida, Yoro, Colón, Choluteca y Comayagua. El primer caso ocurrió en el año 1985, un año después se creó el servicio de infectología en el Hospital Escuela, que se encargó del manejo de estos pacientes; en esos años, la mortalidad era del 100%.
En 1987 surgió el primer tratamiento en países desarrollados; en 1995 en esos mismos países los tratamientos antivirales combinados mejoraron, dando lugar a un “punto de quiebre” en el manejo de la infección; cambiando radicalmente el pronóstico de la enfermedad. Fue hasta el año 2001 que Honduras pudo incorporar dichos tratamientos novedosos al manejo de los enfermos.
La cooperación internacional fue determinante en impulsar la lucha contra la pandemia en nuestro país, apoyando con infraestructura, recursos humanos, exámenes laboratoriales especiales y los medicamentos antivirales. Con esa cooperación se crearon hasta el día de hoy 68 servicios de atención integral al paciente con VIH; sostenibles, distribuidos en toda la nación, donde se brinda el tratamiento multidisciplinario, apoyo psicológico, ayuda social; beneficios a niños y adultos, así como a la diversidad sexual, bajo un enfoque de derechos humanos.
La lucha contra el VIH no ha sido nada fácil, pues desde los albores de la pandemia se ha sostenido una incansable batalla contra los prejuicios, discriminación y marginalidad.
Aparte de las exitosas acciones gubernamentales desde que comenzó la pandemia, ha sido determinante la participación de la sociedad civil, organizaciones cooperantes no gubernamentales, particularmente el Foro Nacional contra el Sida y la Asonapsida, esta última constituida por pacientes, quienes han contribuido sustancialmente a asegurar la eficiencia y eficacia de los servicios, el abastecimiento de medicinas, insumos y pruebas laboratoriales y uno de los aspectos fundamentales para el control de la enfermedad: la adherencia de los pacientes a los complejos esquemas terapéuticos, contribuyendo a que estos no abandonen los tratamientos o regresen a ellos si esto ha ocurrido, localizándoles donde se encuentren. El desempeño de esta organización solidaria es testimonio auténtico del papel constructivo y compromiso de la sociedad civil en una causa humanitaria y justa. Los desafíos continúan, no obstante, las campañas de prevención, con altos y bajos a lo largo de las décadas, aún se producen en el país 1,000 nuevos casos anuales; la mortalidad ha disminuido sustancialmente gracias a los tratamientos inmediatos cuando se detecta la infección; ello mejora e iguala la expectativa de vida a la de una persona no infectada.
El futuro para la erradicación de este virus es cada vez luminoso, con nuevos y potentes antivirales, cada vez más cerca de una vacuna eficaz, terapias inmunológicas, genéticas y preventivas pre y postexposición viral.
Con los años, la Secretaría de Salud ha ido asumiendo progresivamente las responsabilidades del manejo de esta problemática desde la esfera del financiamiento internacional buscando cumplir la meta establecida por ONU/OMS/OPS, tener bajo identificación, control y calidad de vida a los pacientes portadores y enfermos con el VIH en más del 95% para el año 2030.