La ONU y la “carabina de Ambrosio”

Cuenta una leyenda española que allá por el siglo XVII, un labrador sevillano, cansado del trabajo del campo, decidió convertirse en asaltante de caminos y se armó de una vieja carabina, pero no tenía balas reales. Cuando esta realidad se supo, Ambrosio –que así se llamaba– se convirtió en objeto de burlas

  • Actualizado: 24 de julio de 2026 a las 14:06

Hay un dicho popular que se conoce en toda América Latina –heredado seguramente de los españoles–. Una especie de analogía o burla para hacer ver algo que no sirve, no funciona o simplemente termina siendo un ente decorativo por su falta de efectividad para hacer aquello para lo que ha sido creado: ... la ONU es como la carabina de Ambrosio, que no tiene pólvora y, por lo tanto, no sirve para nada.

Si el desgaste de Naciones Unidas se ha visto con el correr del tiempo, hoy podemos afirmar que, tras un bienio negro (2024-2026) la institución diseñada para ser el organismo que garantice la paz mundial, ha pasado a convertirse en algo decorativo, con escenarios palpables de su fracaso, al extremo de ser hoy en día un simple observador en primera o segunda fila, pero observador, al fin y al cabo.

En la actualidad, la ONU cuenta con 193 Estados miembros, más dos observadores –la Santa Sede y Palestina– y sus órganos más importantes son el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, pero ambos con limitaciones muy evidentes cuando se trata de intervenir en un conflicto de gran magnitud, como pueden ser las guerras de Ucrania y los conflictos permanentes en Medio Oriente.

El Consejo de Seguridad tiene una estructura que se ha convertido en el principal impedimento para que se adopten resoluciones tajantes y decisivas. Si bien está formado por 15 países miembros, hay cinco de ellos que son permanentes y gozan del derecho de veto – EEUU, Rusia, China, Reino Unido y Francia– lo que les concede la potestad, para decirlo de alguna manera, de impedir cualquier resolución que no convenga a sus intereses, ideología o afecte a algún aliado importante.

De esa cuenta, Rusia se dio el lujo de invadir a su vecino Ucrania, otro Estado miembro de la ONU, y luego impide cualquier intervención del organismo por medio de su veto en el Consejo de Seguridad.

En el conflicto violento de Gaza, la ONU vio limitado su papel a emitir comunicados de prensa, condenar verbalmente las acciones que se daban y a distribuir ayuda humanitaria, que incluso sufrió ataques. Ninguna resolución en el Consejo de Seguridad prosperó, con EEUU actuando como fiel aliado de Israel cuando se intentaba poner límites al conflicto.

En 1945, cuando la ONU fue creada tras la devastadora Segunda Guerra Mundial, se suscribió la Carta de las Naciones Unidas, en la cual se destacan tres aspectos fundamentales: 1– Preservar a las futuras generaciones del flagelo de la guerra; 2– Reafirmar la fe en los Derechos Humanos fundamentales; y 3– Mantener la paz y la seguridad internacionales mediante la cooperación colectiva.

La invasión a Ucrania y los conflictos de Medio Oriente –en los que ha estado involucrado EEUU– han mostrado claramente que, a aquel organismo multilateral, ni siquiera le han dado vela en el entierro, como se dice coloquialmente, al extremo de que las negociaciones de paz por la vía diplomática se hacen en instancias bilaterales, con países terceros como mediadores, en lugar de sentarse a discutir en el seno de la ONU.

Al no tener ningún rol relevante, es imposible que pueda dar cumplimiento a los tres puntos básicos de su carta constitutiva. En este bienio negro, el secretario general de la ONU, António Guterres ha pasado desapercibido. Termina siendo como Ambrosio, que salía a asaltar en las rutas por Sevilla, pero armado de una carabina que no solo no amedrentaba a nadie, sino que servía para que se burlaran de sus intenciones.

Esto, sin embargo, es una mala noticia para la paz y estabilidad mundial. Con la ONU fuera del escenario de actores influyentes, el planeta está bajo la ley del más fuerte, con todos los riesgos que esto conlleva.

Un tema paralelo, pero nada menor en importancia, es el rol de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que, al igual que la ONU, ve debilitarse a pasos agigantados su capacidad de dictar justicia y que sea aceptada por todo el mundo. Sin el respaldo ejecutor del Consejo de Seguridad, sus sentencias son meramente decorativas.

Hace pocos días, una polémica se dio a lo interno de EEUU, en donde el alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, pidió que fuerzas federales procedieran a capturar al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a quien la CIJ culpa de genocidio por lo ocurrido en Gaza contra los palestinos. Donald Trump ya dijo que eso no sucederá y que el líder israelí puede llegar sin peligro de ser capturado a su país.

Dice la leyenda que Ambrosio tuvo que dejar de asaltar con su vieja e inservible carabina. La pregunta es si el futuro de la ONU será el mismo que el de Ambrosio y pasará a ser un museo diplomático o tendrá la capacidad de reinventarse y ser auténticamente funcional para intervenir eficazmente a favor de la paz.

Un problema colateral, pero para nada insignificante, es que si la ONU sigue el camino que lleva, todos los esfuerzos del multilateralismo se irán por la borda y, con ellos, la posibilidad de alcanzar paz, desarrollo y estabilidad en un mundo cada vez más confrontado y radicalizado...

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