La moralidad en política

"A semejanza de la quimera, nuestros políticos son intolerantes, soberbios, movidos por el vientre y con una larga cola de incumplimiento de las leyes"

  • Actualizado: 03 de febrero de 2026 a las 00:00

En nuestro empobrecido país, pedirle a un político que su conducta se ajuste a la ética y a la moralidad al desempeñar un cargo público, no solo resulta algo extraño sino que constituye una verdadera quimera, porque su proceder se asemeja al monstruo mitológico que vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón.

A semejanza de la quimera, nuestros políticos son intolerantes, soberbios, movidos por el vientre y con una larga cola de incumplimiento de las leyes. Afortunadamente no todo está perdido, ya que los integrantes del nuevo gobierno hondureño han comenzado a dar señales de una rectificación honorable.

Así para el caso, la directiva del Congreso Nacional se ha integrado con representantes de cuatro de las cinco entidades políticas que participaron en las pasadas elecciones generales del país, y su máxima dirección ha dejado claro que tratarán a la oposición con respeto y tolerancia, sin recriminarles por su gobernanza recién pasada.

Llama la atención que el salón principal del Congreso Nacional se decoró con dos banderas significativas: la nacional, que recupera el color azul profundo tradicional, y otra típicamente provida, que incluye dos huellas de infantes, trasmitiendo el mensaje que se defenderán los valores propios de la familia.

Simbólicamente es todavía más significativo que el presidente electo les haya pedido a sus colaboradores más cercanos que en sus oficinas en lugar de su retrato se exhiba una versión levemente modificada de la oración de Mahatma Gandhi, cuyo texto original expresa:

“Dios mío, guíame de la falsedad a la verdad. Guíame de la oscuridad a la luz. Guíame de la muerte a la inmortalidad. Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Señor, si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, y no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor...si yo me olvido de Ti, nunca te olvides de mí!”.

Nasry Asfura incluyó la oración de Gandhi en su corto discurso de toma de posesión de la Presidencia de la República de Honduras, lo cual implica que se esforzará por vivir los valores que conlleva esa hermosa composición del más grande héroe de la India, y que debido a su característica humildad, preferirá servir a la patria con honradez y un trabajo incansable en favor de los ciudadanos.

Desde una perspectiva personal, me bastaría con que el nuevo gobierno hiciera suyo el lema “No mentir y no robar”.

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