Desde el inicio del presente gobierno, tratamos de seguirle la pista a la información publicada sobre el sistema educativo nacional. Resultado: el año lectivo está por terminar, sin que se haya visto una sola acción contundente en la mejora de un sector tan fundamental para el desarrollo y la vida del país.
En Honduras, desde decenios atrás, los indicadores educativos ya eran desalentadores con relación a los demás países de la región latinoamericana. La pandemia acabó por hundir el sistema educativo nacional, sobre todo el sector público, obligando a los padres de familia a hacer enormes esfuerzos en financiar educación privada para sus hijos.
Mientras en la pandemia, el IESALC/UNESCO nos incitaba a procurar que ningún estudiante se quedara atrás, al final las cifras de desertores del sistema fueron tan elevadas que la educación cayó en picada y aún no se recupera. La deserción continúa siendo el indicador más impactante y las cifras así lo demuestran. Otros indicadores, como la calidad, están invisibilizados, así como aspectos correlacionados, entre estos la evaluación de los aprendizajes; lo que vemos es un sistema que se ha vuelto permisivo, de tal manera que todos aprueban, se maquillan cifras para “no afectar las estadísticas”, sin medir el daño que se le hace al estudiante, que no tiene las competencias para dar el salto a un siguiente grado o nivel educativo.
Siguiendo la pista a las publicaciones, casi a inicios del presente año se alertaba de un déficit de 99,151 estudiantes con respecto a 2025. En otro artículo publicado por El Heraldo (agosto de 2026), se mostraba con cifras que la matrícula de 2026 no superó a la de 2025. Mientras el año anterior se matricularon 1,841,292 estudiantes, en 2026 estaban matriculados 1,828,164, es decir, 13,128 alumnos menos que el año anterior. Estos datos se modificaron casi al cierre del año, ya que, según la misma Secretaría de Educación, al menos 21,420 estudiantes abandonaron sus estudios o cancelaron su matrícula, lo que representa un alarmante dato de deserción que afecta a todos los niveles, desde la prebásica hasta la educación media. De acuerdo con una reciente publicación de la CEPAL, en la región existen serias limitaciones en términos de abandono e inclusión, sobre todo en educación secundaria, y crisis en los resultados de aprendizaje. Históricamente, en Honduras, lo que se llama educación media ha tenido una baja cobertura, lo mismo que el nivel preescolar, que es un predictor de éxito. Esta misma publicación añade que se necesitan políticas desde la primera infancia; es necesario atender nuestra niñez, prácticamente desde que está en el vientre materno. Es necesario dar pasos gigantes para superar la pobreza y la exclusión social que agobia a los hondureños, cuya niñez se ve expuesta al trabajo infantil, la migración, la violencia, el embarazo en adolescentes, entre otros factores que condicionan la deserción escolar.
Ahora, en tiempos de la IA, los desafíos son mayores; se requiere también poner el foco en la formación docente de calidad y en dotar al sistema de suficientes maestros. Honduras no participa en las pruebas PISA y no tenemos referentes de comparación, pero en el reciente informe, aun los países mejor ubicados de la región latinoamericana mostraron resultados desalentadores en las áreas que miden estas pruebas: matemáticas, lectura y ciencias. ¿Y Honduras? Es la gran interrogante; la apuesta debe ser por una educación inclusiva y de calidad.