La economía exige una estrategia, no solamente estabilidad

"La política económica debe sentirse también en la calle: en el empleo, la empresa que permanece abierta, la inversión que se ejecuta..."

  • Actualizado: 15 de septiembre de 2026 a las 00:00

La economía hondureña enfrenta un momento que exige decisiones oportunas. No estamos ante una crisis macroeconómica, pero sí ante una combinación peligrosa: petróleo nuevamente por encima de US$100, inflación presionando los ingresos, menor dinamismo económico, costos crecientes para las empresas y expectativas de inversión todavía limitadas.

El entorno internacional se ha complicado. La semana anterior, el Brent superó los US$100 por barril ante la escalada del conflicto en Medio Oriente y los riesgos sobre el suministro. Para Honduras, importador neto de combustibles, este no es un dato distante: significa más dólares para financiar la factura petrolera, mayores costos de transporte, producción y energía, y nuevas presiones sobre precios y tipo de cambio.

El FMI ya había advertido este escenario: proyecta crecimiento de apenas 3.3% para Honduras en 2026, precisamente porque el petróleo está reduciendo consumo e inversión, mientras estima una inflación de 5.7% al cierre del año, superior al rango de tolerancia del Banco Central.

Aquí aparece el principal desafío. Podemos mantener reservas internacionales adecuadas, disciplina fiscal y estabilidad financiera, pero eso no necesariamente significa bienestar económico para las familias.

Cuando aumentan alimentos, combustibles, transporte, electricidad y otros servicios, disminuye el ingreso disponible. Las familias compran menos; los comercios venden menos; las empresas reducen inversión y contratación. Así comienza un círculo de desaceleración que debe evitarse.

La tasa de política monetaria permanece en 5.75%. Mantener credibilidad monetaria es indispensable, pero la política no debería limitarse a seguir las condiciones externas o las decisiones de la Reserva Federal. Honduras necesita calibrarla conforme a su propia inflación, liquidez bancaria, crédito, actividad productiva y comportamiento cambiario.

Por ello, propongo cinco acciones inmediatas. Primero: establecer una verdadera coordinación del gabinete económico, con Finanzas, BCH, Energía, Desarrollo Económico e Inversión trabajando sobre metas comunes y públicamente medibles.

Segundo: revisar integralmente la combinación monetaria y cambiaria. No se trata simplemente de subir o bajar tasas, sino de determinar qué instrumentos permiten contener inflación sin estrangular innecesariamente crédito, consumo e inversión.

Tercero: implementar un programa temporal de protección a mipymes y empleo mediante garantías, financiamiento productivo, simplificación de trámites y alivios focalizados, evitando subsidios indiscriminados.

Cuarto: establecer una estrategia energética frente al petróleo: focalizar cualquier compensación, acelerar reducción de pérdidas eléctricas y promover eficiencia y generación de menor costo.

Quinto: lanzar una agenda inmediata de confianza e inversión privada: seguridad jurídica, reglas estables, infraestructura, agilización de permisos y proyectos público-privados que movilicen capital y empleo.

La estabilidad macroeconómica es necesaria, pero no suficiente. La política económica debe sentirse también en la calle: en el empleo, la empresa que permanece abierta, la inversión que se ejecuta y, principalmente, en el bolsillo de las familias.

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