La introducción acelerada de la IA en los procesos electorales profundiza la crisis entre ciudadanía e instituciones. En varios países latinoamericanos, la tecnología avanza sin controles claros, dejando las elecciones expuestas a manipulación algorítmica, propaganda opaca y actores inescrupulosos. Cuando los sistemas no son auditables, la voluntad ciudadana queda subordinada a plataformas que nadie supervisa plenamente, debilitando la representación democrática.
Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentado en Guatemala, advirtió que las democracias de América Latina y el Caribe están “bajo presión” y sufren una erosión gradual desde dentro, debido a deudas sociales estructurales y nuevas amenazas transnacionales. El informe señala “presiones emergentes” que rebasan las fronteras nacionales, entre las que identifica la polarización política extrema, la desinformación en redes sociales potenciada por la inteligencia artificial, la crisis climática global y un crimen organizado que captura instituciones mediante el financiamiento ilícito de campañas.
Se sospechaba -y la ONU ahora lo advierte- que algo irregular estaba ocurriendo en los procesos electorales de América Latina. Las encuestas de agencias de prestigio arrojan ciertos resultados y, cuando se conocen los datos oficiales, estos difieren significativamente, generando sospechas.
En los últimos días, esas sospechas han salido del terreno de la especulación para entrar en el mundo real. Toda la trama ha salido a la luz pública con un dramatismo que está comprometiendo la política exterior de los Estados Unidos en su estrategia de mantener su dominio en la región y evitar la presencia de China. ¿Dónde empieza a cortarse el hilo de la conspiración contra los procesos democráticos en América Latina? El ciudadano argentino Fernando Cerimedo, especialista en IA, al entrar en conflicto con su pareja, Nadia Beller, por temor a ser denunciado por maltratos y a que se revelaran sus vínculos con gobiernos y políticos -incluyendo el gobierno de los Estados Unidos, que en febrero del presente año le entregó un reconocimiento como “Consultor Político Hispano del Año”-, habría ordenado, según denuncia de la afectada, un atentado que hoy la mantiene hospitalizada. Cerimedo enfrenta ahora a la justicia boliviana, que investiga el caso y podría aplicarle una condena.
El caso revela una grave contradicción regional: mientras un asesor en inteligencia artificial presume haber intervenido en procesos electorales de Bolivia y Honduras, los gobiernos guardan silencio y la OEA se concentra en sancionar a Nicaragua por sus proyectadas reformas electorales, ignorando un esquema de injerencia transnacional que pone en peligro la democracia y la seguridad de la región. Esta omisión institucional erosiona la credibilidad democrática y expone la fragilidad de los mecanismos de control en el continente.
El panorama vuelve más frágiles los procesos electorales, en una coyuntura donde votar, en muchos casos, no garantiza una gobernanza democrática y transparente.