Honduras: su pobreza es abundante e insultante

"Nuestra pobreza no es una condena escrita en piedra. Es consecuencia de decisiones, omisiones y estructuras que pueden cambiarse. Lo intolerable es acostumbrarnos a verla como paisaje nacional"

  • Actualizado: 28 de septiembre de 2026 a las 00:00

Desde el 27 de enero de 1982, cuando inició la actual era democrática, Honduras ha transitado por más de cuatro décadas de gobiernos civiles. Sin embargo, la pobreza continúa siendo una herida abierta, abundante e insultante para una nación con recursos naturales, capacidad productiva y una población trabajadora.

La Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples del Instituto Nacional de Estadística, correspondiente a junio de 2026, informa que el 61.1% de los hogares hondureños vive en pobreza y el 39.7% en pobreza extrema.

Son 1,702,006 hogares pobres. Estos porcentajes corresponden a hogares; no deben trasladarse directamente al total de habitantes. El dato es suficientemente grave por sí mismo: disminuyó entre 2021 y 2025 y volvió aumentar en 2026.

Los hondureños estamos frente a una situación difícil, compleja, pero superable. La pobreza no se combate únicamente repartiendo bolsas de alimentos ni administrando paliativos. Se combate creando trabajo, producción, ingresos y oportunidades permanentes.

Una herramienta importante es el microcrédito responsable, especialmente dirigido a mujeres, pequeños productores, emprendedores y familias excluidas del sistema financiero tradicional. Pero el microcrédito no basta. Honduras necesita rescatar el mundo rural, la pequeña y mediana agricultura, la pesca, la agroindustria y los emprendimientos locales.

El abandono del campo alimenta desempleo, inseguridad alimentaria, migración y desesperanza. Una nación que no produce suficientes alimentos ni genera empleos dignos termina dependiendo de subsidios, importaciones y decisiones políticas coyunturales.

La migración masiva constituye además una señal de alarma. Cuando miles de hondureños abandonan sus comunidades buscando empleo, seguridad y futuro, el país pierde fuerza laboral, familias unidas y talento joven. No basta lamentar su partida; corresponde construir condiciones para que quedarse en Honduras sea una opción digna, viable y esperanzadora para todos.

También necesitamos instituciones sanas. La corrupción, la impunidad, el abuso de poder y la malversación destruyen recursos que deberían convertirse en escuelas, hospitales, carreteras, riego, crédito productivo, agua y oportunidades. Cada lempira desviado significa una oportunidad arrebatada al pobre.

Honduras debe articular al Estado, banca pública y privada, cooperativas, organismos internacionales, productores, empresarios y universidades alrededor de una estrategia nacional contra la pobreza. Incluso la cooperación de países amigos debe orientarse hacia inversiones productivas y no únicamente hacia programas asistenciales.

Nuestra pobreza no es una condena escrita en piedra. Es consecuencia de decisiones, omisiones y estructuras que pueden cambiarse. Lo intolerable es acostumbrarnos a verla como paisaje nacional.

Honduras necesita producir, trabajar, invertir, educar, financiar al pequeño emprendedor y fortalecer la justicia. Basta de administrar la pobreza. El desafío verdadero es liberar capacidades, generar bienestar y devolver esperanza a millones de compatriotas. ¡Ay de los que oprimen a los pobres! Queda planteado

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