Honduras no aguanta otro invierno ni otro verano sin prepararse

Cómo debe el gobierno de Nasry Juan Asfura Zablah enfrentar la problemática ambiental de Honduras

  • Actualizado: 21 de abril de 2026 a las 14:03

Honduras vive bajo amenaza climática permanente. Un año nos ahoga el agua y al siguiente nos mata la sed. Este 2026 la combinación de El Niño y La Niña nos pone contra la pared: sequía extrema seguida de lluvias destructivas. Frente a eso, gobernar no es reaccionar con láminas de zinc después del desastre. Gobernar es prepararse. Y esa debe ser la marca del gobierno de Nasry Asfura: previsión.

Las instituciones obligadas a hacerle frente a los fenómenos naturales tienen un mandato claro: tener listas y en ejecución estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático. No en papel, en el territorio. El primer paso son las alertas tempranas. Cenaos y Copeco no pueden quedarse en boletines técnicos. Se necesitan campañas masivas, en todos los canales, que le enseñen a la gente qué hacer antes de la inundación y antes de la sequía. La resiliencia se construye con información, no con lamentos.

El agua es el centro de todo. O nos sobra y destruye, o nos falta y mata. La solución es infraestructura. Honduras necesita represas, una por departamento como mínimo. No son obras faraónicas, son obras de vida. Particularmente el Valle de Sula exige una represa multipropósito ya. Cada invierno el Ulúa y el Chamelecón cobran vidas y cosechas. Cada verano los mismos municipios ruegan por una gota. Una represa bien hecha regula inundaciones y guarda el líquido vital para riego y consumo humano. Con el mismo propósito la otra opción es construir varias represas para evitar inundar el Valle de Quimistán, recomendación hecha en 2025 por el Especialista Ambiental, René Soto Rivera.

Pero no todo es megaobra. La estación seca que se avecina será más larga y cruel por El Niño. Aquí entra la microinfraestructura: cosechadoras y almacenadoras de agua lluvia. Escuelas, barrios y aldeas pueden capturar el agua que hoy se va a la quebrada. 50,000 cosechadoras instaladas en dos años cambian la historia del corredor seco. Es agua para huertos, para ganado, para sobrevivir mientras pasa la canícula.

De nada sirve guardar agua si no tenemos bosque que la produzca. Y aquí Honduras sangra. La tala ilegal en áreas protegidas, los incendios forestales cada verano y la plaga del gorgojo descortezador han causado enormes daños a los ecosistemas. ¿Cuántas hectáreas hemos perdido en los últimos 20 años? ICF debe publicar ese dato sin maquillaje. Sin diagnóstico crudo no hay política seria. Lo que sí sabemos es que cada árbol quemado es menos lluvia, menos suelo y más deslave.

Por eso la Prioridad Uno de un gobierno responsable debe ser el bosque. Y la prioridad uno se ejecuta con tres acciones: primero, contratar guardas forestales de verdad. No menos de 1,500 a nivel nacional, con salario digno y equipo. Segundo, construir casetas de vigilancia en cada una de las 91 áreas protegidas. Si no hay ojos en la montaña, el bosque se lo roban. Tercero, restaurar lo dañado en los últimos 20 años. Meta: 200,000 hectáreas antes de 2030.

Y junto a la restauración viene la ley. Aplicar la Ley Forestal a los depredadores del bosque sin distingo. El que tala en La Tigra o en la Mosquitia debe enfrentar la justicia. Crear una Fiscalía Ambiental Municipal en alianza con el Ministerio Público manda el mensaje correcto: en este gobierno el bosque no está en venta.

El otro frente es la basura. Las ciudades hondureñas se ahogan en residuos sólidos, plásticos y llantas. Cada plástico en un río es una inundación futura porque tapa tragantes y drenajes. Cada llanta quemada son gases de efecto invernadero que calientan más el país. El manejo integral de residuos no es estética, es adaptación climática. Rellenos sanitarios regionales, reciclaje obligatorio y responsabilidad del productor son medidas impostergables.

Todo este escenario supone una sola cosa: el gobierno, a través de sus instituciones, no puede seguir improvisando. Mitigación y adaptación no son conceptos de las ONGs. Son la diferencia entre proteger los recursos naturales y enterrar gente. Son la diferencia entre perder la cosecha y tener alimento. Son, en resumen, la obligación de salvaguardar la vida de las personas y sus bienes. Eso dice la Constitución y eso exige la gente.

Nasry Asfura tiene la oportunidad de pasar de alcalde de obras grises a estadista de obras verdes. Honduras no necesita más diagnósticos. Necesita represas, guardas, casetas, cosechadoras de agua y ley aplicada. El próximo invierno y el próximo verano ya vienen en camino. La pregunta es simple: ¿nos van a encontrar preparados o nos van a volver a encontrar llorando? La respuesta definirá su gobierno.

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