Honduras, en la sombra de Washington

"Los hechos muestran una constante histórica: la dificultad de Honduras para sostener una política exterior plenamente autónoma"

  • Actualizado: 28 de mayo de 2026 a las 00:00

Honduras declaró la guerra a Alemania el 12 de diciembre de 1941, apenas un día después de que el régimen nazi hiciera lo propio contra Estados Unidos. Cuatro días antes, Honduras ya había declarado la guerra a Japón. La secuencia no es un dato menor: revela hasta qué punto la política exterior hondureña seguía de cerca los movimientos de Washington en un momento decisivo de la Segunda Guerra Mundial.

Esa decisión no fue simbólica. Se estima que más de un centenar de hondureños murieron en el mar tras el hundimiento de embarcaciones vinculadas al comercio nacional durante el conflicto. La guerra, aunque librada lejos del territorio hondureño, también cobró vidas del país.

Pero las repercusiones no se limitaron al frente internacional. La declaración de guerra también tuvo efectos políticos y económicos dentro de Honduras. El Gobierno de Tiburcio Carías Andino aprovechó el conflicto para justificar medidas contra ciudadanos alemanes residentes en el país, entre ellas la incautación, intervención y recuperación de propiedades. Más que una respuesta coyuntural, aquella política exhibió cómo una guerra externa podía servir para reordenar intereses económicos, afianzar el poder estatal y reconfigurar relaciones de influencia dentro del país.

La rapidez con que Honduras asumió esa postura sugiere que el margen de autonomía de su política exterior era, entonces, muy reducido frente a la influencia estadounidense. Más que una decisión plenamente soberana, el gesto puede leerse como parte de un alineamiento político, económico y estratégico que ha marcado la relación entre ambos países a lo largo de la historia republicana hondureña.

Ese patrón de alineamiento reaparecería en episodios posteriores. Uno de los más claros fue el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz Guzmán en 1954. En esa operación, impulsada por la CIA contra el Gobierno de Guatemala, Honduras desempeñó un papel clave como retaguardia, centro de entrenamiento y plataforma logística. El episodio volvió a colocar al país dentro del engranaje geopolítico de Estados Unidos en Centroamérica, esta vez en plena Guerra Fría.

La lista no termina ahí. Honduras también fue utilizada como plataforma para la invasión a Cuba en 1961 y, años después, como pieza de apoyo en la ofensiva contra los movimientos insurreccionales de Guatemala, El Salvador y Nicaragua durante las décadas de 1970 y 1980. Ese involucramiento dejó una herencia de violencia y muertes, cuyas secuelas todavía pesan sobre el país.

El episodio más reciente remite a las declaraciones del presidente de la nación, Nasry Asfura, quien, en sintonía con la línea política de Donald Trump, calificó oficialmente a Hamás y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) como organizaciones terroristas.

Más que una serie de episodios aislados, estos hechos muestran una constante histórica: la dificultad de Honduras para sostener una política exterior plenamente autónoma frente al peso de Estados Unidos. Entender esa continuidad es también una forma de revisar críticamente el presente.

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