Herrera: prócer y estadista

La cosmovisión de Herrera quedó plasmada para la posteridad tanto en documentación oficial como en correspondencia privada

  • Actualizado: 09 de septiembre de 2026 a las 00:00

El primer Jefe de Estado de Honduras, Dionisio de Herrera, criollo de familia acomodada originaria de Choluteca, nació en dicha ciudad (1783) y falleció en San Vicente, El Salvador (1850), dedicado a la docencia. Rafael Heliodoro Valle afirmó: “En la historia de Centroamérica solo hay un político y estadista que terminó su vida como maestro de escuela”.

Graduado de abogado en la Universidad de San Carlos de Guatemala, al igual que su primo José del Valle, ambos influidos por la renovación en los programas de estudio implementados por el costarricense Fray José Liendo y Goicoechea, que reemplazaron el dogmatismo teológico por el método científico y el humanismo de la Ilustración.

Junto con el sacerdote Francisco Antonio Márquez, influyeron en el pensamiento político de Francisco Morazán desde sus años formativos. Un lazo indisoluble se forjó entre ellos, inmune a los altibajos experimentados por la República Federal de Centroamérica desde su nacimiento (1824) hasta su desintegración (1838).

La cosmovisión de Herrera quedó plasmada para la posteridad tanto en documentación oficial como en correspondencia privada. Consúltese las peticiones formuladas por encargo de la municipalidad de Tegucigalpa al Congreso Constituyente de México, en sus proclamas, en el discurso en la instalación de la primera Asamblea Ordinaria del Estado de Honduras y en la circular remitida a los jefes intendentes.

Le correspondió construir los cimientos jurídicos y administrativos del Estado hondureño.

Dirigiéndose desde Comayagua a la Asamblea Constituyente (5 de abril de 1826), se refirió a diversos aspectos de las condiciones legales y económicas existentes: en la agricultura, minería, comercio, navegación, puertos, administración, hacienda pública, poderes estatales y alcaldías.

El tono de dicha alocución es a la vez realista y optimista, con fe en lo que depara el cercano futuro.

Durante su período como Jefe de Estado se decretó la primera división administrativa de Honduras en siete departamentos: Comayagua, Tegucigalpa, Gracias, Santa Bárbara, Yoro, Olancho y Choluteca. Se organizaron las Tertulias Patrióticas a fin de explicar a la ciudadanía el contenido de la Constitución Federal y estatal.

Se atentó contra su vida por iniciativa del clérigo José Nicolás Irías (1826), conservador que pretendía ser nombrado obispo. Fue derrocado por tropas procedentes de la capital federal, enviadas por el presidente Manuel José Arce, encabezadas por José Justo Milla.

Se incendió Comayagua y Herrera, hecho prisionero, fue trasladado a Guatemala, reducido a prisión, de la que fue liberado cuando Morazán entró triunfante a Guatemala en 1829, iniciando la primera reforma liberal en Hispanoamérica.

Este, ya en su condición de presidente de la Federación, envió a Herrera a Nicaragua, a fin de restablecer la paz en dicho Estado, enfrentado por bandos rivales: conservadores y liberales. De 1830 a 1833, Herrera gobernó la tierra de los lagos y volcanes, cumpliendo con la misión a él encomendada. Este último año fue nombrado Jefe de Estado de El Salvador, cargo que no aceptó. La reacción conservadora, encabezada por Francisco Ferrera, ordenó la confiscación de sus bienes, reduciéndolo a la pobreza. Con justicia, se le considera el Padre de la Patria por sus cualidades cívicas y personales.

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