La reforma de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) es fundamental para el futuro de Honduras. No podemos posponer la decisión “urgente” desde hace décadas. La situación financiera, operativa y administrativa de nuestra empresa eléctrica exige transformaciones profundas, responsables y técnicamente sustentadas. La realidad innegable: la ENEE exige reestructuración integral para ser competitiva, eficiente y sostenible. Como empresa debilitada afecta a la industria, al comercio, a las familias.
Agradecemos y valoramos el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos de América con experiencia, asistencia técnica que facilite la recuperación de sectores estratégicos para nuestro desarrollo. Y debemos atender el clamor del pueblo hondureño: la defensa de los bienes nacionales.
La reforma no puede ser una privatización encubierta, ni significar la pérdida del control hondureño sobre activos estratégicos de todos.
La Constitución de la República impone a quienes ejercen funciones públicas la obligación de proteger el patrimonio nacional. Es lo que estamos haciendo la Bancada Legislativa del Partido Liberal. Cualquier transformación debe garantizar la propiedad hondureña de los bienes estratégicos del pueblo hondureño. La apertura a la inversión privada, nacional o extranjera, que no se confunda con la entrega del patrimonio público. Bien distintos.
Honduras necesita atraer capitales, ampliar la generación energética, modernizar la infraestructura y crear miles de empleos dignos.
Todo debe realizarse bajo reglas claras que preserven la soberanía económica y la propiedad nacional. La verdadera reforma es la que fortalece a la ENEE, mejora sus servicios, elimina privilegios, atrae inversión y genera prosperidad, sin sacrificar los intereses de la nación. Ese es el equilibrio que demandan los hondureños y el que debemos garantizar quienes tenemos la responsabilidad de tomar las decisiones nacionales.
Reforma sí. Modernización sí. Competitividad sí. Privatización No.