Atrás han quedado gobiernos progresistas de corte populistas como el kirchnerismo – Néstor y Cristina Kirchner– en Argentina, el Movimiento Dignidad de Gabriel Boric en Chile, o los revolucionarios salvadoreños del FMLN. Hubo más, por supuesto, pero todo indica que la lista se hará más extensa pronto, de acuerdo con los pronósticos electorales para Perú y Colombia.
En efecto, vemos como el péndulo se está moviendo de la extrema izquierda hacia la extrema derecha en América, dejando a un lado y con pocas opciones a los grupos de centro, aunque los países con gobernantes moderados dan muestras de una estabilidad política y social significativa.
Antes de analizar el fenómeno global, veamos lo que está por suceder en los balotajes de Perú (domingo 7 de junio) y Colombia (21 de junio), aunque con la salvedad de que hay enormes diferencias en los sistemas políticos de ambos países y, por lo tanto, en el comportamiento sociopolítico de la población.
Perú es, junto a Guatemala, un ejemplo de lo que podríamos llamar un “sistema político fallido” a causa del multipartidismo. El domingo, los peruanos elegirán a quien debe convertirse en el noveno presidente que gobierne el país en apenas una década, porque ese multipartidismo ha creado una alternancia en el poder por disputas entre el Legislativo y el Ejecutivo, no tanto por ideologías, sino por corrupción, incapacidad o improvisación.
Sin embargo, y al margen de ese “sistema político fallido”, los candidatos que se disputarán el cargo sí representan la tendencia de ideologías diametralmente opuestas: Keiko Fujimori, ultraderechista hija del exdictador Alberto Fujimori, y el izquierdista Roberto Sánchez. Cabe destacar que la primera apenas obtuvo el 18% de los votos en la primera vuelta y el segundo el 12%, lo que desnuda la problemática que provoca que haya más de 36 partidos políticos en una contienda electoral.
En todo caso, las encuestas favorecen a Fujimori, por lo que, de ganar en las urnas, pasaría a formar parte de los presidentes que dan fuerza al péndulo que se mueve hacia la derecha radical: Javier Milei (Argentina); Donald Trump (EEUU); Nayib Bukele (el Salvador); Daniel Noboa (Ecuador); José Antonio Kast (Chile); Nasry Asfura (Honduras); y Laura Fernández (Costa Rica).
En Colombia se espera una intensa contienda entre el ultraderechista Abelarado de la Espriella y el izquierdista radical Iván Cepeda, quien carga con ser candidato oficialista y, por lo tanto, recibirá castigo por las fallas o errores de Gustavo Petro. Será una campaña intensa, pero De la Espriella apuesta a triunfar siendo el candidato escogido nada menos que por Donald Trump, quien se precia de ser “gran elector” en varios de los procesos electorales celebrados recientemente.
Por cierto, cabe destacar que hay dos figuras que sobrevuelan como “fantasmas influyentes” los procesos electorales en la región y hasta cierto punto influyen en la polarización. Se trata del propio Trump –quien incluso ha dado abiertamente su apoyo a algunos candidatos (Asfora, Fernández, de la Espriella)–, y del salvadoreño Bukele, convertido en un ejemplo de imponer “mano dura” ante el clamor ciudadano por seguridad.
Se puede decir que esta nueva ola de “derecha dura” tiene como principales adalides a Trump y Bukele. No son pocos los que han visto subir sus bonos cuando el apoyo llega directamente de Mar-a-Lago y se transforma en el arrastre del voto más ultraconservador.
No hay que dejar de destacar que presidentes de una derecha moderada están dando buen resultado con estabilidad sociopolítica. Mientras, los extremos, sin importar la ideología, suelen caer en la tentación del autoritarismo e intentan prolongar indefinidamente sus mandatos (Bukele, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, son ejemplo).
Se puede concluir que el “buen ejemplo” viene precisamente de los presidentes de derecha moderada o centroderecha, que apelan menos al populismo y actúan de forma más pragmática, sin crear polarización o enfrentamientos. Eso se observa en República Dominicana (Luis Abinader); Panamá (José Mulino); Uruguay (Luis Lacalle); y Paraguay (Santiago Peña). Entre los moderados de izquierda se puede citar al guatemalteco Bernardo Arévalo.
La “ola rosa” de la izquierda, que pareció dominar buena parte del primer cuarto de siglo del nuevo milenio, se está extinguiendo. Solamente persiste con fuerza en los dos gigantes económicos de Latinoamérica. Claudia Sheinbaum en México, mantiene constante debate con la derecha radical, pero no hay elecciones previstas en el corto plazo. En Brasil, en cambio, Luiz Inácio Lula da Silva debe poner en juego su cargo en octubre próximo, nada menos que ante Flavio Bolsonaro, hijo de su archirrival ideológico, Jair Bolsonaro, en prisión domiciliar y sin poder participar más en política. Veremos que sucede en Perú, Colombia y Brasil, para ver si sigue la tendencia.
(La columna Enfoque se publica también en la Prensa Gráfica, El Salvador; El Heraldo, Honduras; Listín Diario, República Dominicana; La República, Perú y La Tribuna, Paraguay).