El discurso de justicia social, tan necesario en Latinoamérica como lo que más, está pasando a formar parte de un pasado político lleno de frustraciones, pues gobiernos populistas de izquierda que blandieron esa bandera en las últimas décadas trajeron más fracasos que logros y cambios profundos, provocando una frustración que ahora se manifiesta.
En los últimos dos años (2025 y 2026), el mapa político de la región ha dado un vuelco significativo, marcado por las promesas de la derecha de seguridad y estabilidad económica, dos problemas que no supieron o quisieron atender sus rivales de la izquierda social, muchas veces incapaces de atender lo que en su momento consideraron como algo prioritario. Ese argumento ha sido suficiente para que países como Argentina, Chile, Honduras, Costa Rica, Ecuador y Panamá hayan optado la vía de la derecha, mientras que otros lo harán muy pronto, porque todos los pronósticos dicen que algo parecido o de mayor impacto ocurrirá muy pronto en Perú, luego quizás en Colombia y podría suceder en Brasil.
La historia es pendular, lo hemos visto muchas veces. Antes, la misma derecha ha sido señalada de fracasar en lograr que su concepto de desarrollo y justicia se cristalice, porque tampoco ha cumplido con lo prometido y, por el contrario, los viejos vicios del pasado, principalmente la corrupción, han terminado por imponerse.
No sería un error hablar de una transición de la “marea rosa” a el “resurgimiento del hierro”, aunque ahora marcado por el liderazgo –con facetas cuestionables– de Donald Trump (Estados Unidos) y Nayib Bukele (El Salvador).
En los países mencionados la sombra de estos líderes en América, sus ideas y visiones, están abrumando y ganando seguidores. Las redes sociales se encargan de hacer que su pensamiento –correcto o equivocado–, trascienda fronteras con mayor rapidez. El “factor Trump”, aquel que exacerba el nacionalismo, la soberanía y fuerza bruta desmedida para devolver al país la “grandeza” que alguna vez tuvo, impacta como un método eficaz para alcanzar el sueño que todas las sociedades latinoamericanas mantienen en sus mentes proactivas.
Luego, en muchos de nuestros países se ha visto que el tema de inseguridad ciudadana se ha vuelto insoportable. Viene de décadas y ha existido bajo gobiernos de derecha o de izquierda, pero ahora se habla del “modelo” o “estilo” Bukele como la solución, sin contemplar, muchas veces, la causa que generó el mal: los problemas sociales.
En todo caso, tanto Trump como Bukele son artífices en ese “efecto dominó” que estamos viendo y viviendo.En ese efecto dominó se han visto “fichas” que ya cayeron, pero hay otras que estamos por ver.
En todo caso, las elecciones en Perú, Colombia y Brasil, servirán para comprobar que se está produciendo un cambio ideológico en la región, pero también una forma diferente de ver y enfrentar la problemática social.
Trump es un ejemplo más bien complejo. Su conceto de seguridad puede ser cuestionado por su actitud guerrerista, pero su intención de “volver a hacer EEUU más grande”, sigue endulzando las metes de algunos, aunque en la práctica se vea que sus políticas económicas no pueden ir de la mano de sus políticas de aranceles, guerras, prioridades sociales, y demás.
Hoy el “sueño americano” es más bien una utopía o promesa sin fundamento, sin que eso demerite la potencia económica y militar que es Estados Unidos.
Las elecciones en Chile y Ecuador marcaron el inicio del fin de una era “progresista”, y los expertos anticipan que lo mismo sucederá en los comicios anunciados en Perú y Colombia, más allá de las tradicionales elecciones en las que se escuchaban discursos populistas vagos de la izquierda y derecha por igual.
Ahora mismo estamos en medio de un proceso eleccionario en Perú, país agobiado por una permanente crisis política. Los tres principales candidatos en las encuestas son identificados con corrientes de derecha y derecha radical, siguiendo las líneas de Bukele y Trump. Es increíble que, tras todo lo que sea supo y comprobó del autoritarismo de Fujimori, sea su hija, Keiko, quien encabece las encuestas, con un discurso que, en el fondo, promete autoritarismo con eficiencia.La mala noticia para nuestros pueblos es que la solución no está en las ideologías.
La derecha y la izquierda han fracaso. Incluso con dictaduras, como las de Cuba, Venezuela o Chile. Nicaragua es un buen ejemplo, porque no pudo superar sus problemas de fondo con Anastasio Somoza (derecha), como tampoco lo ha logrado con Daniel Ortega (izquierda). Dos dictaduras, dos ideologías... y el mismo resultado.
Ni Trump ni Bukele son ejemplos para seguir. Lo mejor es que cada país encuentre su propia solución y, puedo asegurar, por el curso de la historia y la calidad de sus líderes, que la solución no tiene que ver con ideologías, tiene que ver con la actitud del hombre y su integridad.