El 4 de marzo de 1933, cuando Franklin Delano Roosevelt asumió la presidencia estadounidense en medio de la Gran Depresión, el 25% de la fuerza laboral estaba desempleada y miles de bancos habían quebrado. En su discurso inaugural, no endulzó la crisis: insistió en que el fracaso principal no era económico sino de liderazgo. En los siguientes 100 días, Roosevelt impulsó quince leyes dirigidas a restaurar la confianza, incluyendo garantizar los depósitos bancarios. Así nació el concepto de los “primeros 100 días”: no como un plazo para evaluar el desempeño del nuevo gobierno, sino como medida de liderazgo en tiempos de crisis.
Nasry Asfura no asumió en medio de una recesión económica, pero sí heredó un país vulnerable a crisis constantes. En enero de este año, en este mismo diario, publiqué una columna titulada: “Realísticamente, ¿qué podemos esperar en el 2026?”, en la cual planteaba que Honduras necesitaba estabilizarse después de la crisis electoral. Hasta ahora, el gobierno parece lograrlo, reduciendo la polarización y la incertidumbre. Pero estabilidad no equivale a progreso, aunque puede ser un punto de partida. Lo que viene después de los primeros 100 días no es un horizonte despejado. La violencia e inseguridad son los factores externos que más pueden afectar la estabilidad del gobierno. Dentro del gobierno, la militancia del Partido Nacional (PN) espera oportunidades de trabajo y acceso al aparato estatal. En materia de gobernanza, está la coalición establecida con el Partido Liberal (PL), así como con actores del sector privado y de sociedad civil, que obliga al gobierno a caminar una línea delgada. La sombra de Juan Orlando Hernández no solo tiene influencia simbólica, sino que también es un instrumento político para el Partido Libertad y Refundación (Libre).
El escenario de gobernabilidad más probable estará caracterizado por una cohabitación pragmática: tecnocracia técnica arriba, clientelismo partidario abajo, una gobernanza de equilibrios, sin reformas profundas: un retorno al conservadurismo. Sin embargo, este escenario es insuficiente. La ventana para entregar resultados -lo que finalmente le importa al hondureño de a pie - depende de tres supuestos: 1. La implementación efectiva de los decretos de emergencia que reactiven la economía y mejoren los servicios públicos; 2. La reducción de indicadores críticos de inseguridad como homicidios, feminicidios y extorsión; y, 3. La ausencia de shocks exógenos (guerras, desastres naturales, crisis financiera, inestabilidad geopolítica).
Roosevelt no fue evaluado por cuántos bancos abrió, sino por devolver la confianza. ¿Puede el gobierno de Asfura recuperar la confianza ciudadana? Los próximos siete meses darán la respuesta. En todo caso, si se logra, el siguiente paso serán las reformas. Roosevelt dijo: “la recuperación y la reforma deben ser socios permanentes en el bienestar permanente”.