El desempleo es uno de los problemas más visibles y persistentes de las sociedades actuales. No solo implica la ausencia de un ingreso estable, sino también la pérdida de oportunidades de desarrollo personal, la ampliación de brechas sociales y la debilitación de la cohesión comunitaria. En un contexto de cambios tecnológicos acelerados, globalización e inestabilidad económica, la capacidad para crear empleos dignos se ha convertido en un indicador clave de bienestar y de gobernanza.
Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco reconocido por su teoría de la “modernidad líquida”, abordó el impacto de la tecnología en el desempleo no solo como una pérdida técnica de puestos de trabajo, sino como un factor de exclusión social y creación de “vidas desperdiciadas”. Bauman, argumenta que el progreso tecnológico y la automatización excesiva generan una gran cantidad de personas “redundantes” o “superfluas”.
Los cambios en el mundo del trabajo son rápidos y su adaptabilidad no va de la mano de esos cambios. Visité las oficinas principales de un banco muy popular en la capital de la República para realizar una operación financiera consistente en un depósito de ahorro. Las oficinas estaban casi vacías, una operación que en el pasado llevaba mucho tiempo para hacerla, ese día la hice rápido. Con casi todos los aspectos de la banca digitalizada, ya no es necesario hacerlo en persona. Es posible consultar saldos, depositar cheques y enviar dinero directamente desde el dispositivo móvil. Esto ha venido a facilitar las operaciones financieras y eso es bueno para los usuarios, pero también reduce costos operativos en personal, reduciendo el número de empleados.
Si el desempleo abierto de personas que están en condiciones de trabajar, pero que, al no tenerlo, lo buscan activamente y están disponibles para incorporarse inmediatamente; el problema se vuelve delicado si a esto le sumamos el subempleo, que son personas que trabajan media jornada en el día o por temporadas, a esto hay que agregarle los empleos de baja productividad y en consecuencia de bajos salarios. En el mercado laboral, miles de profesionales universitarios están trabajando, en el mejor de los casos, por el salario mínimo que ha establecido el gobierno; eso en circunstancias donde el costo de la canasta básica familiar está por encima del salario mínimo. Se está produciendo lo que los economistas en el pasado decían, que, mientras los costos de la vida suben por el ascensor, los salarios van por las gradas. Esto preocupa, en primer lugar, a los afectados directamente, pero también preocupa a algunos empresarios y al gobierno, lo que pasa es que estos últimos ponen su acento más en la generación de empleo, pero no en la distribución de la riqueza creada, ignorando que esto repercute en el consumo, lo que al final quita dinamismo al desarrollo económico y como ya lo hemos apuntado, tiene consecuencias sociales dramáticas.
Todo esto ocurre cuando el movimiento obrero y sindical, pierde identidad como resultado de su desestructuración orgánica e ideológica. Los trabajadores viven una situación que se puede llamar, indefensión.