Demos gracias por nuestro origen

Estoy seguro que, en la familia del hondureño promedio tenemos esos abuelos que han dado su vida no solo por sus hijos, sino también por sus nietos.

  • Actualizado: 07 de febrero de 2026 a las 00:46

Justo la semana pasada, finalicé un libro que hace tiempo había comenzado a leer La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset, que se enfoca en el hombre masa, haciendo referencia al arquetipo de persona que no tiene conciencia de donde viene, ese prototipo de ser humano que únicamente exige sus derechos sin tener claridad que la comodidad que ostenta responde a una serie esfuerzos y sacrificios que miles de seres humanos realizaron en el pasado, donde el hombre para comer tenía que cazar, donde las actividades laborales eran completamente adversas, sin derechos y sin la serie de facilidades que actualmente tenemos.

Sin embargo, una vez leída esta obra, hago la analogía también que gran parte de nosotros podemos medir eso que Ortega y Gasset vio en 1900; si analizamos las condiciones materiales de nuestros papás, y las de nuestros abuelos y bisabuelos, nos vamos a dar cuenta que producto de las decisiones de ellos, podemos gozar de ciertos beneficios.

En mi caso particular, tengo la bendición de tener muchos abuelitos. Mi abuela Juanita una enfermera que trabajó más de 40 años de su vida en los diferentes hospitales de Tegucigalpa; mi abuelo Héctor laboró en la Cervecería hondureña durante muchos años y mi abuela Julita se ha dedicado a la costura haciendo hermosas piezas de vestir, todos ellos, para darle la educación a mamá y tíos, quienes gracias a ellos son profesionales que abonan a la vida cotidiana del país.

Por parte de mi papá, mi abuelita Rosa y mi abuelito Pepe vendían lotería menor (chica). Mi abuelo también le hacía a la costura, mi abuelo Raúl era albañil y un maestro de obra reconocido en el pueblo, mi abuelita Carmela es la matriarca de la familia, quien siempre se ha dedicado al comercio, todos ellos desempeñando sus actividades en Sabá, Colón.

Gracias a ellos, mis papás y tíos tuvieron mejores oportunidades en su vida, por ende, las condiciones materiales de nosotros también fueron mejores, el único denominador en común de todos los que recién mencioné es el trabajo, y estoy seguro que, en la familia del hondureño promedio tenemos esos abuelos que han dado su vida no solo por sus hijos, sino también por sus nietos, y es importante tener claro que a pesar de ser un país económicamente pobre, los nuestros no se han podido dar el lujo de parar.

Nunca escuché a mis papás o abuelos decir que necesitaban tomar vacaciones ó que estaban cansados, la obligación de laborar ha sido más grande que el deseo de sus comodidades, así que hoy, este espacio se lo dedico a mis abuelitos y papás, y a los abuelos y padres hondureños que día con día han trabajado fuerte para mejorar las condiciones de sus descendientes, también así se construye patria.

Gracias por todo, valoremos lo que otros han hecho por nosotros.

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