Cada vez más personas dicen que Honduras es un meme; sobran los motivos. Quizás lo más visible de este cáustico calificativo es el comportamiento envilecido, pendenciero y casi delictivo de ciertos políticos, que no les importa arrastrar lo que sea y a quien sea para defender sus codiciosos planes y garantizar su impunidad.
Por su conformación, el Congreso Nacional aglutina el mayor número de caricaturescos personajes, surgidos de redes sociales o sin que nadie los votara, como Jorge Cálix. Basta revisar la cantidad de disparates y simplezas que en un mes han pasado a la discusión de los “honorables” diputados para saber que es difícil esperar algo bueno de este hato.
En ese fragor del hemiciclo legislativo surge la maquinación para tratar de lavar un proceso electoral que, ante la mayoría de la población hondureña, fue un descomunal fraude; pero también pretenden amarrar las elecciones de 2029, que sean controladas y conducidas para su beneficio por peones a su medida.
El ardid lo disfrazan de juicio político, y van contra el mayor obstáculo que tuvieron en el proceso anterior: el consejero Marlon Ochoa. Para eso han montado una agresiva y pertinaz operación con declaraciones rencorosas de los mismos que promovieron o avalaron el fraude: los nacionalistas beneficiados, los dizque liberales que malvendieron su partido, organizaciones compinches como ASJ, CNA, Codeh y dudosos opinadores afines.
El punto crítico y absurdo es que el mismo Congreso que surgió del fraude denunciado por Ochoa es el encargado de acusarlo y juzgarlo, ¿cómo te explico? Hay un encontronazo entre la legalidad -el Legislativo tiene facultades para abrir un juicio político- y la legitimidad, pues mucha gente cree que ese organismo no tiene la autoridad moral para hacerlo.
El colmo, el propio presidente del Congreso, Tomás Zambrano, y parte de su multitudinaria e ineficaz junta directiva, han acusado y condenado públicamente a Ochoa -antes del proceso- en una tonta violación de la presunción de inocencia y demostrando que no habrá imparcialidad en el litigio. Es obvio, se trata de una persecución institucional.
Es sabido que Zambrano buscará insaciablemente la presidencia del país en la próxima elección; también, varios de estos abyectos diputados querrán reelegirse, y como sus acciones y su talento no les garantizan el voto popular ni estará Trump para trampear, quieren asegurarse manipulando el CNE; el clavo es que Ochoa lo presidirá en 2029, en las elecciones primarias y la preparación de las generales. Para ellos es clave cortarlo desde ahora.
Para mayor guasa, los cuestionados parlamentarios aprobaron condecorar a las consejeras del CNE, Ana Paola Hall y Cossette López -por las maniobras que les otorgaron el poder- con un reconocimiento del Congreso que ya perdió categoría. Por cosas así, muchos acusan a estos politicastros de convertir el país en un chiste, un meme.