Los días 4 y 5 de noviembre, Madrid será escenario de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que reunirá a los 22 países de esta comunidad. El encuentro representa una oportunidad para fortalecer la cooperación económica, política y social entre América Latina, España, Portugal y Andorra.
La agenda contempla transformación digital, inteligencia artificial, educación, cambio climático, inclusión social, movilidad académica y cooperación internacional. Sin embargo, el verdadero desafío consiste en transformar las declaraciones diplomáticas en inversiones, proyectos y resultados concretos para los ciudadanos.
Conviene recordar lo ocurrido en la anterior Cumbre, celebrada en Cuenca, Ecuador, en noviembre de 2024. Aunque se aprobó un Programa de Acción sobre empleo juvenil, educación y cooperación, las diferencias políticas impidieron alcanzar una declaración final consensuada por los 22 países. Aquella experiencia evidenció las dificultades de concertación regional y la necesidad de fortalecer este mecanismo.
Madrid tendrá, por tanto, una responsabilidad importante: recuperar la capacidad de diálogo, fortalecer los consensos y establecer mecanismos efectivos de seguimiento a los compromisos.
Para Honduras, el presidente Nasry Asfura y la canciller Mireya Agüero, esta Cumbre reviste especial trascendencia. Nuestro país asumirá la Secretaría Pro Tempore durante el período 2026-2028 y será anfitrión de la próxima reunión presidencial. Esta responsabilidad constituye una oportunidad diplomática, pero también económica y estratégica.
Honduras debería aprovechar estos dos años para impulsar una agenda iberoamericana orientada al desarrollo productivo, el financiamiento agrícola, la seguridad alimentaria, la inversión, la infraestructura, la educación técnica, el empleo juvenil y la adaptación al cambio climático.
Particular importancia merece establecer alianzas con España, Portugal, organismos multilaterales y bancos de desarrollo para fortalecer el financiamiento a pequeños productores y emprendedores, ampliar los mecanismos de garantías y seguros agropecuarios y promover nuevas oportunidades de inversión.
También será fundamental impulsar una estrategia nacional de desarrollo económico que articule adecuadamente las políticas fiscal, monetaria, cambiaria, crediticia y de inversión. Sin coordinación institucional y planificación de largo plazo, difícilmente podremos aprovechar plenamente las oportunidades de cooperación internacional.
La organización de Honduras 2028 debería comenzar inmediatamente después de Madrid, mediante una comisión nacional que incorpore al Gobierno, al sector privado, a las universidades, a las organizaciones sociales y a los organismos internacionales, con objetivos verificables y responsabilidades claramente definidas.
No se trata únicamente de organizar una reunión presidencial. Se trata de construir una plataforma que permita atraer cooperación técnica, inversiones y financiamiento para proyectos que eleven la productividad, reduzcan la pobreza y generen empleo.
Honduras también puede promover una agenda centroamericana compartida sobre migración, integración económica, seguridad alimentaria y vulnerabilidad climática, aprovechando su presidencia para dar mayor visibilidad a las necesidades de la región.
El éxito de Madrid deberá medirse por sus acuerdos y su ejecución. El de Honduras 2028 dependerá, además, de nuestra capacidad para convertir esa responsabilidad internacional en oportunidades reales de desarrollo.
Las cumbres pasan; las políticas públicas, las inversiones y los resultados deben permanecer.