“Vi tu columna de reciclar conductas ... Sí, está super bien reciclar en el hogar y en las escuelas, pero realmente los mayores contaminantes de desechos son las empresas; entonces si las políticas de reciclaje no son realmente duras con las empresas, lo que hace la gente común no sirve de nada”. De todas las reacciones positivas que tuve la semana pasada por mi colaboración “reciclada” -ya había escrito una versión similar en 2016- esta fue la más contundente, aunque no luzca optimista ni particularmente favorable a nuestro planteamiento. Elena Poe (poeta norteamericana) fue quien dijo hace doscientos años “se agradece la nobleza de quien te dice la verdad. No importa cómo ni de qué forma duela, te está haciendo un favor” y, ciertamente, mi amigo Ricardo A., me brindó un noble regalo que no puedo sino aceptar con gratitud.
“Realmente lo que hay que cambiar es la filosofía de compra... por ejemplo, los empaques... la gente los quiere más bonitos cada vez, pero son de plástico”. El mensaje de voz era contundente, pero a la vez consciente y, aunque no se crea, desde la reflexión y la autocrítica. No lo decía cualquier persona: mi amigo fue el productor de una inspiradora y exitosa iniciativa comunicacional realizada en Ecuador en 2010 (“Operación Tierra”) que invitaba a colegios secundarios de su país a competir en torno al cuidado del ambiente. En una primera etapa eran capacitados sobre reciclar y el proceso detrás de los desechos, en empresas de reciclaje; luego debían difundir el cuidado del ambiente en las comunidades para que ahorraran en el consumo de energía y agua. Después de que la producción verificara el impacto del mensaje en los moradores, una tercera etapa servía para una competencia final en que los estudiantes ponían a prueba sus conocimientos sobre el cuidado del planeta y la conservación (extinción) de especies.
Cambiar las conductas no es fácil. No bastan acciones individuales, si ello no se convierte en hábitos, patrones de conducta y, finalmente, adopción de una nueva cultura (el proceso tomaría una generación, o quince años, al menos) en la que las empresas también asuman su responsabilidad. Y es todavía más difícil si no se incide en cambiar los modelos de producción y consumo para compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que se pueda para crear valor agregado. En la práctica, se requiere reducir los residuos al mínimo y mantener estos dentro de la economía lo más que sea posible gracias al reciclaje, para que puedan ser utilizados reiteradamente.
Hablamos de cambiar el modelo económico lineal y tradicional que solo sabe “usar y tirar”. Así lo hizo el pueblo de Kamikatsu en la prefectura de Tokushima, de Japón, que ha promulgado una política de Cero Residuos y ha logrado una tasa de reciclaje del 81% a partir de 2016. Se propusieron lograrlo desde 2003, en un país desbordado por la basura. ¿Cómo lo lograron? “Querer es poder”: con nuevos hábitos se logran cambios. (continuará).