Crónica de una hambruna anunciada

El sector agrícola exige la aprobación de un decreto que subsidie el 80% del seguro agrícola.

  • Actualizado: 11 de mayo de 2026 a las 00:00

Honduras se asoma al abismo de los surcos vacíos. Mientras en las oficinas climatizadas de Tegucigalpa se discuten tecnicismos, el productor nacional enfrenta una realidad más simple y brutal: la falta de semillas, de crédito y de tiempo.

La crisis agrícola tiene al campesinado desarmado frente al clima y frente al Estado. Sin financiamiento oportuno, miles de productores no pueden comprar insumos básicos ni asumir el riesgo de sembrar bajo la amenaza del fenómeno de El Niño. Sembrar sin respaldo financiero ya no sería apostar a la suerte, sino enterrar el poco capital que queda.

Por ello, el sector agrícola exige la aprobación de un decreto que subsidie el 80% del seguro agrícola.

No se trata de una dádiva, sino de una medida de supervivencia económica y estabilidad social. Cada día que el Congreso Nacional retrasa esa discusión, más productores abandonan sus parcelas y el país se encamina a una crisis alimentaria prevenible y evitable.

Estamos ante una paradoja grotesca: Honduras presume de vocación agrícola, pero abandona a quienes sostienen la producción de alimentos. La canícula que amenaza al país no es solo climática; es también una sequía de voluntad política. Falta decisión, urgencia y capacidad de reacción del gobierno y del Congreso.

No puede hablarse de soberanía alimentaria mientras el maíz y el frijol dependan de la incertidumbre. La seguridad alimentaria no se construye con discursos ni excusas permanentes, sino con financiamiento, seguros y políticas que garanticen la producción. El campo hondureño está entrando en cuidados intensivos.

La aprobación de ese mecanismo de financiamiento y seguro subsidiado es el último oxígeno que queda en el tanque, pero si la clase política continúa administrando la crisis con lentitud burocrática, el impacto llegará pronto a las ciudades que quedarán marcadas por la escasez, inflación y más migración forzada.

El tiempo de las excusas terminó. Honduras no necesita otra administración dedicada a explicar el desastre; necesita una capaz de evitarlo. Porque cuando el campo deja de sembrar, el hambre no tarda en cosecharse.

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