La columna anterior trató sobre la deconstrucción de términos que, de manera intersubjetiva, solemos tener mal concebidos. Hoy es oportuno hablar sobre la construcción de políticos conforme a las necesidades de un Estado. Hay quienes afirman que algunas sociedades tienen los políticos que merecen, pero en realidad, algunos políticos se han encargado de deconstruir a la sociedad. ¿Y cómo puede suceder eso? Ocurre cuando, históricamente, desde el Estado se ha proporcionado una base educativa insuficiente; cuando el acceso a los sistemas de salud se encuentra en condiciones deplorables; cuando las familias deben dividirse para buscar el llamado “sueño americano”. Eso sucede cuando dejamos que los políticos hagan su trabajo, pero ¿y nosotros, cuándo haremos el nuestro?
Tenemos una batalla cultural bastante fuerte. Tal como lo mencionaba Ortega y Gasset, hay una deconstrucción de la sociedad y también existe el hombre masa, que únicamente va, como hoja seca, donde lo lleve el viento. Ese es el verdadero reto: como sociedad, estamos premiando el morbo y la estupidez. Si no, veamos quiénes son las personas más “influyentes” en nuestras redes sociales en Honduras. Hemos llegado al punto en que nuestros políticos incursionan en plataformas digitales para subirse a esas tendencias y captar aún más votos. Por eso, en este país, la polémica y el chisme se han convertido en la comidilla del día a día: porque eso vende, porque eso les da el alcance que buscan. ¿De quién es la culpa, del político por usar esas estrategias, o de la población por caer en esos juegos?
Está claro que es responsabilidad nuestra. Hemos tenido diputados payasos, corruptos, narcotraficantes, incapaces, vulgares, pencos; pero están ahí porque algún sector social confió en ellos para que llegaran. Sin importar las artimañas políticas, siempre hay sectores que respaldan a estas personas. Y justo ese es el gran reto de la democracia hoy: necesitamos, como sociedad, comenzar a construir políticos capaces, personas cuya carta de presentación sea una trayectoria impecable, tanto profesional como personal. Son necesarias personas que amen a Honduras más que a sus partidos políticos, para que inicien los cambios en esos puntos críticos que todos conocemos.