El Congreso Nacional que inició funciones el 25 de enero de 2026 ha comenzado a marcar una diferencia importante respecto al período legislativo anterior, no solamente por la cantidad de sesiones desarrolladas, sino por la forma en que se está conduciendo la actividad parlamentaria y el impacto que esto tiene sobre la estabilidad democrática del país.
Bajo la presidencia de Tomás Zambrano, el Legislativo ha mostrado una mayor capacidad de organización interna, disciplina política y apertura al debate. Uno de los temas más trascendentales ha sido la discusión de las reformas electorales y del fortalecimiento institucional del sistema democrático. El Congreso actual entiende que Honduras viene de años de confrontación política, desconfianza institucional y crisis poselectorales que han debilitado la credibilidad de la democracia. Las reformas relacionadas con el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal de Justicia Electoral, la transmisión de resultados y el financiamiento político serán determinantes para el futuro político del país.
Dentro de esas reformas, será clave observar si existe voluntad política para incorporar una segunda vuelta electoral o balotaje presidencial. Muchos sectores consideran que este mecanismo podría fortalecer la legitimidad democrática al garantizar que el presidente de la República sea electo con una mayoría más sólida. Otro punto trascendental será evaluar si realmente se avanza hacia una despolitización parcial o total de los órganos electorales, reduciendo la influencia directa de los partidos políticos en instituciones que deberían actuar con independencia técnica y jurídica.
Zambrano ha sido más pragmático y orientado al orden parlamentario, ha mantenido una conducción enfocada en construir acuerdos y evitar el caos legislativo que predominó en años anteriores. Uno de los cambios más notorios ha sido la disciplina legislativa. Existe mayor asistencia de diputados, más puntualidad en las sesiones y una agenda parlamentaria más estructurada. No obstante, también han surgido críticas hacia algunos diputados nuevos que todavía parecen actuar más como candidatos en campaña que como legisladores. En varios casos, se observa una excesiva concentración en redes sociales, confrontaciones mediáticas y temas de poca profundidad técnica, en lugar de enfocarse en la construcción de propuestas legislativas serias y de largo plazo.
El rol de los jefes de bancada ha sido igualmente importante. Jorge Cálix, por el Partido Liberal, ha asumido una posición estratégica y de equilibrio político, mientras el Partido Nacional ha proyectado cohesión y experiencia legislativa. Libre, en cambio, ha pasado de controlar la agenda parlamentaria a desempeñar un rol más reactivo y dividido.
La diferencia con el Congreso presidido por Luis Redondo es evidente. El período anterior estuvo marcado por conflictos internos, cuestionamientos sobre la legalidad de sesiones y baja productividad legislativa. El Congreso actual, aunque todavía enfrenta desafíos y críticas, transmite una imagen de mayor gobernabilidad y madurez política.
En momentos donde el Poder Ejecutivo aún trabaja por consolidar resultados económicos y sociales, el Congreso Nacional parece haberse convertido en el poder del Estado que más señales de estabilidad institucional y capacidad de respuesta está ofreciendo a la población hondureña.