Ante la crisis... Más y mejor periodismo

Sin duda la prensa no es perfecta, pero ha sido la gran compañera de la democracia y defensora de las libertades. Ahora mismo, enfrenta una crisis sin precedentes, en la que tiene grandes enemigos, sufre un desgaste constante por la desinformación en redes sociales y tiene retos gigantes para su sobrevivencia

  • Actualizado: 23 de octubre de 2026 a las 11:52

Me atrevo a afirmar que allá por los años 60 y 80, la prensa alcanzó su “época dorada” a nivel global, reconocida como un baluarte para la democracia y la defensa de las libertades y derechos humanos. Es entonces que empieza a llamársele “cuarto poder”, aunque en realidad su función es la de ejercer un “contrapoder” ante los abusos de los poderosos, ya sean estos gobiernos, grupos criminales o fuerzas contrarias a la justicia y las libertades.

Por estos días se ha reunido en Bogotá la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que aglutina a más de 1,300 medios de América.

Los temas que se discuten debaten y conversan son los mismos: los atropellos contra la libertad de prensa, especialmente en aquellos países con gobiernos autoritarios e intolerantes; las dificultades financieras de los medios, agudizadas en los últimos años; la desenfrenada desinformación en redes sociales; el avance de la IA con sus peligros; así como los temas de siempre, como persecución, amenazas, asesinato y exilio de periodistas.

Curiosamente, uno de los conversatorios en esta Asamblea, ha girado en torno a la famosa frase de Gabriel García Máquez, quien dijo que “el periodismo es la profesión más bella del mundo”.

En la actualidad no hay mucho sustento para esta frase, aunque si se toma filosóficamente para idealistas que quieren forjar un mundo mejor, el sustento es evidente. Los periodistas seguimos pensando que es una profesión maravillosa de servicio.

En estas reuniones anuales, representantes de cada país de las Américas presentan un informe sobre la situación de libertad de prensa que muestran un constante y preocupante deterioro, sobre todo, se observa que persisten la violencia, restricciones, amenazas, censura, acoso judicial y otras formas de intentar intimidar a la prensa y los periodistas.

Hasta hace algunos años, eran, más o menos, los mismos países emproblemados. Ahora parece que empieza a verse una especie de “epidemia” de intolerancia. Como siempre ha sucedido, son los gobiernos autoritarios los que se molestan cuando la prensa indaga, descubre y señala.

Los asesinatos en México –a manos principalmente del narco– se volvieron el tema central en estas asambleas durante algún tiempo.

Pero de unos años para acá, son las estrategias de los gobernantes para silenciar o controlar a la prensa las que predominan en los informes: en el siglo pasado, la dictadura castrista terminó con la prensa independiente en Cuba; luego, Chávez y Maduro acabaron con los periódicos impresos y redujeron a su mínima expresión el ejercicio periodístico independiente; y, en Nicaragua, Daniel Ortega seguía el libreto de las dictaduras para impedir que el pueblo recibiera información de lo que realmente pasa en su país.

Las dictaduras no permiten que el pueblo acceda a la información. Sin embargo, ahora la situación se ha expandido, porque no se trata estrictamente de dictaduras, aunque sí de gobierno autoritarios, utilizando la fachada de democracias.

Lo peor de todo es que el mal ejemplo proviene del Norte, del país que, en muchos aspectos, fue ejemplo de respeto por la libertad de expresión y de prensa: Estados Unidos.Ahora, en los informes de este año, se destacará que Donald Trump mantiene un constante acoso contra periodistas y medios.

Se protestará por el bloqueo para que tres medios importantes ingresen a la Casa Blanca para sus coberturas diarias (CCN, Político y MS NOW); pero también se hará notar que el presidente insulta, desacredita y acusa falsamente a periodistas y medios.

Lo más preocupante es que, en países latinoamericanos donde Trump ha apoyado a sus actuales presidentes durante campaña, se asumen posturas parecidas y van en crecimiento. Incluso Costa Rica, un país que antes se consideraba una de las democracias más auténticas del mundo, ha recurrido a presionar a la prensa independiente.

Esa prensa, necesaria y vital para la democracia, enfrenta muchos desafíos. Los periódicos, esos que han sido referencia, que han defendido libertades y la democracia, deben luchar contra los gobernantes intolerantes, resolver sus problemas de subsistencia financiera y contrarrestar la ola de desinformación que tanto daño provoca en todas las sociedades.

La buena noticia es que, entre los periodistas auténticos, hay una determinación de seguir en la lucha. Se ha escuchado de propia vos de protagonistas. El director del New York Times, Mark Lacey, dice claramente que “no cederemos” ante las pretensiones de Trump. Todo un ejemplo que otros medios debemos seguir: No claudicar ante el poder.Los periódicos y medios de prensa serios deben ser utilizados para contrarrestar la ola de desinformación.

Si las noticias falsas en las redes sociales caminan muchísimo más rápido que las noticias verdaderas, la prensa debe servir como el medio para confirmar su veracidad o engaño. Hay conciencia también en que, para cumplir con la función de la prensa, vedemos esforzarnos por hacer cada día más y mejor periodismo. Cada pueblo tiene el derecho de saber lo que sucede... y el periodismo es el encargado de informar.

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