Alianza estratégica contra el hambre

El combate contra el hambre comienza en el campo, pero sólo culmina bien cuando cada familia tiene la capacidad económica para llevar alimentos suficientes y nutritivos a su mesa. Queda planteado

  • Actualizado: 06 de julio de 2026 a las 00:00

La seguridad alimentaria y la reactivación económica exigen liderazgos enfocados en resultados inmediatos y sostenibles.

Indudablemente, el sinergismo de las voluntades de l presidente Nasry Asfura con su pragmatismo y visión de Estado, juntamente con la de Moisés Abraham Molina Guillén, ministro de Agricultura y Ganadería, con su capacidad técnica y ejecución eficaz el campo hondureño, puede convertirse en motor principal de desarrollo de la nación.

La sinergia de ambos liderazgos debe orientar los recursos del Estado hacia tres frentes simultáneos: incremento de producción de alimentos, generación de empleo rural y urbano, accesibilidad y canales de distribución.

El hambre constituye el mayor desafío de la humanidad. Sin embargo, pretender resolverlo únicamente incrementando la producción de alimentos sería una visión incompleta. La realidad demuestra que un país puede producir suficientes alimentos y, aun así, mantener una parte importante de su población padeciendo inseguridad alimentaria. El verdadero obstáculo es la pobreza, quien no tiene ingresos suficientes tampoco tiene acceso a los alimentos.

Al gobierno le corresponde crear las condiciones para que el producir sea rentable y digno. Ello implica fortalecer la investigación agropecuaria, rehabilitar los centros experimentales, ampliar los sistemas de riego, facilitar el acceso al crédito, mejorar la infraestructura rural, garantizar la sanidad animal y vegetal, y brindar seguridad jurídica a quienes invierten en el campo.

Los agricultores, ganaderos y pescadores constituyen el generador de la producción nacional. Son ellos quienes diariamente generan los alimentos que llegan a la mesa de las familias hondureñas. Apoyarlos con tecnología, capacitación, innovación y mercados transparentes significa fortalecer la capacidad del país para producir más y mejor, reduciendo la dependencia de las importaciones.

Pero ninguna estrategia será suficiente si se deja de lado a quienes viven en la pobreza. El hambre no se combate únicamente con mayor oferta de alimentos; también se combate creando oportunidades de empleo digno, impulsando el emprendimiento rural y elevando el poder adquisitivo de las familias. Cuando existe trabajo digno y mejores ingresos, el acceso a los alimentos deja de ser un privilegio para convertirse en un derecho efectivo.

La seguridad alimentaria no solo debe entenderse únicamente como producir más, sino como garantizar que todas las personas tengan disponibilidad, acceso económico, calidad nutricional y estabilidad en el suministro de los alimentos durante todo el año.

Honduras posee tierra fértil, recursos marinos, capacidad productiva y un pueblo trabajador. Lo que hace falta es una visión compartida que sustituya la confrontación por la cooperación. Gobierno y sectores productivos deben verse como aliados estratégicos y no como adversarios. Solo así será posible incrementar la producción nacional, generar empleos dignos y garantizar el derecho a una alimentación digna.

El combate contra el hambre comienza en el campo, pero sólo culmina bien cuando cada familia tiene la capacidad económica para llevar alimentos suficientes y nutritivos a su mesa. Queda planteado.

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