2026 con más dudas que certezas

Nada indica que el año que recién comienza será un año “normal”. De hecho, en el ambiente hay más incertidumbre que certezas para el mundo y las Américas. ¿Terminarán las guerras? ¿Seguirá el giro a la derecha en la región? ¿Trump endurecerá sus acciones? Muchas preguntas sin respuesta...

  • Actualizado: 02 de enero de 2026 a las 12:01

Si el 2025 fue un año de locos en el mundo, el 2026 parece que no se quedará atrás. Puede que la guerra de Ucrania termine, pero la sombra de un conflicto constante y persistente se mantendrá, mientras que las expectativas de paz completa en la Franja de Gaza tampoco son muy grandes.

En nuestras Américas, el giro a la derecha continuará, posiblemente bajo la influencia del hombre de la Casa Blanca, Donald Trump, quien ha confirmado que tiene pretensiones intervencionistas, como parte de su filosofía de “hacer más grande a América”. Sin embargo, deberá superar una creciente ola de procesos judiciales que se acumulan en contra de sus “órdenes ejecutivas” ...

En conclusión, el hemisferio está atravesando por un momento complicado y deberá atravesar una especie de campo minado durante el año. A lo largo de doce meses, Washington seguirá siendo punto de llegada y punto de fricción. El retorno a una política intervencionista similar a la “política Monroe” –América (Estados Unidos) para los americanos– se empieza a sentir con fuerza con la crisis venezolana.

En efecto, todo hace pensar que Nicolás Maduro y el chavismo enfrentarán el peor año de su larga historia en este primer cuarto de siglo. Trump no ha escondido su pretensión de expulsar al dictador venezolano, y se ha valido de los temas del narcotráfico y el petróleo para montar la más grande operación naval en el Caribe desde la llamada “crisis de los misiles” en Cuba (1962).

China y Rusia han expresado apoyo al régimen de Maduro; Pekín critica a Washington por su despliegue militar, lo mismo que la Casa Blanca hace con las operaciones militares intimidatorias que Xi Jinping lleva a cabo en aguas de Taiwán por estos días. La tensión en torno a Venezuela no puede más que ir en aumento durante los próximos días y semanas.

Los venezolanos siguen pagando el precio: migración masiva, fragmentación social, colapso económico y un sistema político que cierra puertas mientras el mundo observa. Lo que decida Trump será el camino que se seguirá y de poco o nada valdrán las advertencias –si las hubiera– de los organismos internacionales.

La consolidación de gobiernos de derecha empieza a sentirse. A Javier Milei (Argentina) y Nayib Bukele (El Salvador) se unirán pronto José Antonio Kast (Chile) y Nasry Asfuera. Los cuatro ferviente y confesos trumpistas.

La próxima gran batalla ideológica se verá en Colombia. La crisis interna del gobierno de Gustavo Petro, los cuestionamientos, divisiones y protestas crecientes han preparado un terreno donde las fuerzas conservadoras entran fortalecidas para las próximas elecciones. No sería sorprendente que Colombia se sume al mapa del giro político continental. Tampoco se podrá impedir que, como hizo en las elecciones legislativas de Argentina, y en las generales de Chile y Honduras, Donald Trump irrumpa con mensaje directos o subliminales, si hay un candidato que siga su línea y pueda ser un aliado confiable y valioso para las pretensiones de esta administración estadounidense.

Trump inspira, legitima y amplifica liderazgos que comparten su estilo: confrontación directa, desprecio por lo “políticamente correcto”, nacionalismo económico, y un autoritarismo envuelto en lenguaje democrático (populismo puro). Su sola presencia o mensaje está empujando el péndulo regional hacia la derecha.

No se trata solamente de votar por ideologías, se trata de la voz que escuchan los ciudadanos, cansados, por ahora, del incumplimiento de las promesas de la izquierda. El tema económico influye mucho, como hemos visto con argentinos, chilenos y hondureños. Si la derecha no da los resultados esperados y se basa únicamente en autoritarismo populista, el péndulo seguirá su movimiento en la región más adelante.

En el caso de Guatemala, el 2026 será trascendental. Desde hace más de una década, el sistema de justicia está en manos de fuerzas antidemocráticas. La OEA, la ONU, organismos independientes internacionales y grupos gremiales lo han señalado: sin independencia judicial no puede haber democrática.

En mi país, habrá elecciones institucionales para elegir magistrados al Tribunal Supremo Electoral (TSE) y la Corte de Constitucionalidad (CC), pero también se elegirá nuevo(a) fiscal general. La actual fiscal, Consuelo Porras, ha sido sancionada por cerca de una veintena de naciones por sus acciones, a todas luces, “corruptas y antidemocráticas”. Estos procesos eleccionarios, que tendrán lugar en el primer trimestre del año, estarán bajo la lupa de la comunidad internacional. El país se juega más que el Estado de Derecho, en estos procesos.

Hay más preguntas en el ambiente que pueden tener respuesta en el 2006: ¿Logrará Trump incorporar Groenlandia a EEU? ¿Su influencia penetrará en México? ¿Se debilitarán los organismos multinacionales? ¿Se incrementará la criminalización en contra los migrantes en EEUU?... hay mucho para mantener la atención en un año trascendental.

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