Necesaria renovación

La urgente reforma electoral, por sí sola, no es suficiente: la ciudadanía también tiene que ponerse de pie y blindarse frente a la manipulación

  • Actualizado: 21 de julio de 2026 a las 00:00

La novatez o la experiencia no son determinantes a la hora de ejercer el poder y evidenciar quién se es. Pero, en Honduras, lo que se necesita es una profunda reingeniería de sus partidos políticos, especialmente de aquellos llamados tradicionales.

Es irrelevante cambiar rostros si las bases deciden favorecer el oportunismo y la ambición personal por encima del interés nacional o si permiten su manipulación.

Un partido político debe ser una escuela de ciudadanía, un espacio para formar líderes con principios, visión y vocación de servicio, no un vehículo para satisfacer egos descomunales ni un atajo para acceder al poder. Así se empobrecen las finanzas nacionales, se erosiona la confianza y el pueblo llega a creer que la política es equivalente a la corrupción.

La urgente reforma electoral, postergada desde hace largo tiempo, no puede circunscribirse al ámbito administrativo. Debe contener disposiciones coercitivas que aseguren la transparencia, la rendición de cuentas, la ética y la trayectoria de quienes aspiren a dirigir la nación.

No hay forma de conocer a fondo las intenciones de los candidatos y de su entorno, pero sí existen señales de alerta sobre tendencias hacia la corrupción, los conflictos de interés y la ambición desmedida, incompatibles con quienes deben ser ejemplo de rectitud.

La ingenuidad en política es muy costosa, tanto para los candidatos como para los votantes. La integridad de un candidato no se acredita con propaganda. Estamos agotados. Solo con coherencia, transparencia y vocación de servicio se puede demostrar idoneidad para el ejercicio de la función pública.

Y sí, los partidos políticos, mediante su reingeniería y con reformas electorales integrales, deben garantizarlo. Nuestro país requiere ciudadanos exigentes y partidos políticos renovados.

La urgente reforma electoral, por sí sola, no es suficiente: la ciudadanía también tiene que ponerse de pie y blindarse frente a la manipulación. El voto es un acto de responsabilidad y confianza, no un acto de fe. Hay que exigir la renovación de los partidos políticos y su verdadera institucionalización.

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