Apenas llega el lunes y ya es viernes de nuevo. El día apenas empieza y ya son las 6:00 de la tarde; se acaba la semana, el mes, el año muy pronto va a terminar. Apenas unos meses y ya pasaron 30... 40... 60 años de nuestra vida. ¿Te das cuenta de cuántas personas ya hemos perdido? Familiares, amigos y muchos conocidos. No hay vuelta atrás.
Disfrutemos el tiempo que tenemos, no dejemos de hacer las actividades que gozamos. Pongámosle color a nuestra cotidiana vida gris. Sonriamos ante las pequeñas cosas de la vida que traen bálsamo a nuestro corazón. Disfrutemos del tiempo que nos queda con confianza y con serenidad. Intentemos eliminar la palabra “más tarde”, “lo haré después”, “iré más tarde”, “lo pensaré después”, “dejemos todo para más tarde”. ¿Qué más tarde? Puede ser demasiado tarde. Porque lo que no se entiende es: después, más tarde, el café está frío; luego, las prioridades cambian. Luego, se rompe el encanto. Más tarde, la salud se va. Luego, los niños crecen. Más tarde, los padres envejecen. Más tarde, las promesas se olvidan. Luego, el día se convierte en noche. La vida después termina. Y después de eso, ¡es demasiado tarde! ¡Hazlo! Con miedo, con nervios, con dudas, pero nunca dejes escapar una oportunidad.
La vida es hoy. Entonces, no dejemos nada para después. Porque mientras tanto podemos perder los mejores momentos, las mejores experiencias, los mejores amigos, lo mejor de la familia. ¡El día es hoy! ¡Ahora es el momento! Ya no estamos en la edad de permitirnos posponer hasta mañana lo que podemos hacer de inmediato. No seas solo un instante en la eternidad; busca instantes eternos de felicidad. Cada día está lleno de instantes mágicos donde todo tiene cabida, donde se cumplen los sueños, donde el dolor puede traer esperanza, donde brotan las ilusiones, donde crecemos como personas. Somos instantes...
Por ello, nunca subestimes el tiempo. La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil que, cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. Ernesto Sabato.