Las redes solo hablan de...

Videos, teorías, rumores, análisis improvisados y hasta admiradores disfrazados de comentaristas inundan los muros digitales

  • Actualizado: 26 de marzo de 2026 a las 00:00

En las últimas semanas pareciera que las redes sociales solo tienen un nombre en la boca: Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”. Videos, teorías, rumores, análisis improvisados y hasta admiradores disfrazados de comentaristas inundan los muros digitales. La pregunta no es solo por qué se habla de él, sino por qué se habla tanto. La respuesta no siempre está en la realidad, sino en el algoritmo. Las plataformas digitales no premian la profundidad; premian la reacción. Y pocas cosas generan más reacción que el miedo, la violencia o el morbo. Cada vez que alguien comparte, comenta o discute una publicación relacionada con el crimen organizado, el sistema interpreta que ese contenido “interesa”. Entonces muestra más. Y así se crea un círculo donde el ruido se multiplica hasta parecer omnipresente. Pero hay un efecto más preocupante: la normalización. Cuando un nombre vinculado al narcotráfico se repite constantemente, corre el riesgo de convertirse en figura mediática, casi en personaje de cultura pop. Se habla de estrategias, de poder, de territorio, como si se tratara de una serie de televisión y no de una realidad que ha costado miles de vidas en América Latina. No se trata de ignorar la problemática del crimen organizado. Es un fenómeno real que merece análisis serio, investigación periodística responsable y debate público informado. Lo cuestionable es la espectacularización constante, el meme fácil, el video sin contexto, la noticia inflada que busca clics más que comprensión. Las redes sociales son espejo, pero también amplificador. Reflejan lo que la sociedad comenta, sí, pero también magnifican lo que más polémica genera. Mientras tanto, temas igualmente urgentes -educación, empleo, salud, desarrollo local- quedan relegados a un segundo plano porque no producen el mismo nivel de adrenalina digital. Tal vez el verdadero problema no es que se hable de “El Mencho”. El problema es que solo se hable de eso.

La conversación pública no puede reducirse al eco del miedo. Como ciudadanos digitales, tenemos más poder del que creemos: decidir qué compartimos, qué consumimos y qué dejamos de viralizar. Porque al final, el algoritmo aprende de nosotros. Y si solo le damos morbo, solo nos devolverá morbo.

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